Viernes 13 de Marzo de 2026
  • UF: $39.841,72
Viernes 13 de Marzo de 2026
  • Dólar: $909,94
Viernes 13 de Marzo de 2026
  • IVP: $41.518,33
Viernes 13 de Marzo de 2026
  • UTM: $69.889,00
Viernes 13 de Marzo de 2026
  • IPC: -0,20%

PRONTO

Certeza tributaria en riesgo: una preocupación institucional

Por: María José Vidal Olmedo, abogada experta en derecho minero y tributario, y socia de VA – Vidal Abogados.

En días recientes, ha existido una preocupación transversal del mundo profesional y académico frente a la creciente discrecionalidad del Servicio de Impuestos Internos (SII).

Abogados, contadores y profesores universitarios manifestaron su inquietud ante un cambio silencioso pero profundo en la manera en que se están ejerciendo las facultades de fiscalización y recaudación. No se trata de una crítica ideológica ni de una resistencia al control tributario, sino de una advertencia fundada sobre el riesgo que implica debilitar un pilar esencial de todo Estado de Derecho: la certeza jurídica.

La evolución del sistema tributario en Chile ha estado marcada por sucesivas reformas, muchas de ellas diseñadas con un enfoque recaudatorio que ha sacrificado en el camino la simplicidad, la estabilidad y la coherencia normativa. Sin embargo, el problema actual no se limita a la complejidad de las leyes. Lo que está en cuestión es el modo en que la administración tributaria interpreta y aplica esas normas, muchas veces modificando criterios sin mecanismos de participación ni control, o utilizando herramientas tecnológicas sin los resguardos suficientes de transparencia y debido proceso.

En mi experiencia, observo con preocupación los efectos que esta incertidumbre genera en la toma de decisiones estratégicas de las empresas. La tributación es un elemento clave en la evaluación de inversiones, reestructuraciones corporativas, fusiones y adquisiciones. Cuando las reglas cambian sin previo aviso, o cuando las decisiones de la autoridad no siguen un patrón verificable, las organizaciones se ven forzadas a operar en un entorno de riesgo constante. Esto afecta no solo a los grandes contribuyentes, sino también a miles de medianas empresas que buscan expandirse, formalizarse y contribuir al desarrollo económico del país.

Aplicación de  la IA  y tecnología 

El uso de inteligencia artificial, análisis de datos y algoritmos predictivos por parte del SII puede aportar eficiencia, pero debe estar alineado con garantías básicas. Una administración tributaria moderna debe combinar herramientas digitales con criterios objetivos y mecanismos de rendición de cuentas. De lo contrario, la innovación se transforma en opacidad, y la eficiencia en arbitrariedad.

Desde una perspectiva jurídica, el principio de legalidad tributaria exige que todo tributo —y sus elementos esenciales— esté definido en la ley, y que su aplicación se ajuste a parámetros predecibles. La función del SII es aplicar esas normas, no reinterpretarlas a su conveniencia ni alterar los equilibrios que el legislador ha establecido. En este sentido, el control judicial, la actuación colegiada de los tribunales tributarios y aduaneros, y la transparencia en los procesos administrativos son fundamentales para restablecer la confianza del sistema.

Chile necesita avanzar hacia una reforma tributaria que promueva la inversión, la formalización y el cumplimiento. Para ello, la certeza jurídica no es un lujo, sino una necesidad básica. Los contribuyentes no exigen beneficios ni privilegios, sino reglas claras, estables y conocidas con anticipación. La predictibilidad no inhibe la fiscalización; al contrario, la fortalece, porque permite que todas las partes actúen con conocimiento y responsabilidad.

Las señales que emite hoy el sistema tributario son confusas. La falta de claridad debilita no solo el cumplimiento, sino también la legitimidad de las instituciones. Si queremos avanzar hacia un desarrollo económico sostenido, con estándares más altos de gobernanza y responsabilidad fiscal, debemos cuidar con rigor los principios que dan sustento al pacto fiscal. Se debe construir una relación equilibrada entre Estado y contribuyentes. La certeza jurídica no solo protege derechos; también crea valor, impulsa la innovación y favorece decisiones informadas. Sin ella, el crecimiento se vuelve frágil y la justicia tributaria se transforma en una aspiración lejana.

Permisología: la tentación dorada del Estado chileno

Por: Francisco Javier González Cruz, abogado de González, Guzmán y Matthei

Como el legendario Rey Midas, el Estado chileno parece convencido de que todo lo que toca —mediante leyes, decretos o permisos— se convierte automáticamente en oro: orden, desarrollo, seguridad. Cree que su sola intervención garantiza resultados virtuosos. Pero, al igual que el rey que transformaba en metal incluso el pan y el abrazo de su hija, el Estado olvida que no todo puede ni debe ser convertido en oro.

El problema no es la regulación en sí, sino su uso irreflexivo, indiferenciado y desproporcionado. La llamada permisología —ese conjunto extenso y engorroso de trámites previos a iniciar una actividad económica— es el síntoma de un sistema donde la técnica jurídica se aplica sin calibrar sus efectos reales. La abundancia de permisos, certificaciones, pronunciamientos y dictámenes no ha significado más seguridad ni mejor protección del interés público. Por el contrario, se ha traducido, muchas veces, en inmovilismo, incertidumbre y desconfianza.

Pero no hay que confundirse, aquí es donde la técnica jurídica sí importa. Porque una concesión no es una autorización, ni ésta una declaración jurada, ni mucho menos un simple aviso. Cada figura tiene una función, un origen y una lógica distinta. La concesión otorga derechos exclusivos sobre bienes públicos; la autorización condiciona el ejercicio de un derecho privado al cumplimiento de requisitos fundados en el interés general; la declaración jurada se basa en la buena fe del administrado y en la fiscalización posterior. Confundir estas figuras o aplicarlas indiscriminadamente, es como intentar resolver todos los males con una sola fórmula dorada: termina dañando lo que se buscaba proteger.

Como bien explica el profesor Jaime Arancibia, las autorizaciones administrativas son técnicas de policía preventiva, propias de situaciones en que existe un riesgo social difícil de corregir ex post. No se trata de un capricho burocrático, sino de una herramienta legal que busca balancear libertad e interés público. El problema es que en Chile se han utilizado incluso donde no hay riesgo significativo, o se han mantenido pese a que la experiencia demuestra que no aportan valor regulatorio.

Por eso cobra tanta relevancia el Proyecto de Ley Marco de Autorizaciones Sectoriales, actualmente en discusión en el Congreso (Boletín N° 16.566-03). Esta iniciativa introduce principios esenciales como la proporcionalidad, la costo-efectividad, la no discriminación, y plantea la posibilidad de reemplazar algunas autorizaciones por técnicas habilitantes alternativas, como declaraciones juradas o avisos. Es decir, busca que la intensidad del control estatal guarde relación con el riesgo y el impacto real de cada actividad.

Sin embargo, como advierte el Centro de Estudios Públicos en un reciente estudio, el proyecto aún adolece de un enfoque excesivamente sectorial, lo que limita su impacto sistémico. En lugar de una reforma profunda, amenaza con convertirse en un nuevo listado de reglas paralelas. Se necesitan más que ajustes cosméticos: hace falta rediseñar la arquitectura regulatoria, fortalecer capacidades institucionales y formar servidores públicos que comprendan no solo la ley, sino la finalidad detrás de cada técnica jurídica.

El estudio del CEP estima que los costos de la permisología equivalen al 7,3% del PIB nacional. No es menor. Pero más grave aún es lo que no se cuantifica: la desconfianza de los ciudadanos hacia un sistema opaco, la frustración de los emprendedores ante reglas ininteligibles, y el deterioro progresivo de la fe pública en que el Estado es capaz de actuar con inteligencia y justicia.

Volviendo a la historia del Rey Midas, su tragedia no fue pedir demasiado, sino no entender lo que realmente valía. Solo cuando transformó en oro aquello que más amaba —su hija— comprendió que no todo lo que brilla es bueno. Y solo entonces pidió revertir el don que se había vuelto maldición.

El Estado chileno todavía está a tiempo. Puede seguir tocando todo con su dedo regulador creyendo que crea valor, o puede hacer un gesto de humildad institucional: distinguir cuándo intervenir, cómo intervenir y con qué instrumentos jurídicos. La técnica legal bien usada no paraliza; permite. No frena; orienta. No transforma en oro, pero sí puede proteger lo que verdaderamente importa.

13/03/2026 20:52
Viernes 13 de Marzo de 2026
  • UF: $39.841,72
  • Dólar: $909,94
  • IPC: -0,20%
  • UTM: $69.889,00
  • IVP: $41.518,33