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PRONTO

Estándares y responsabilidad de corredores de propiedades 

Por: Yuval Ben Haym, director regional RE/MAX Chile. Presidente Comité de Franquicias CCS. Director ACOP

El debate no es “corredores sí o no”, es estándares y responsabilidad. El artículo “corredores bajo la lupa” publicado por Emol, muestra prácticas que debemos erradicar del rubro inmobiliario: avisos duplicados, publicaciones sin orden de venta, geolocalización inexacta y trazabilidad débil en comisiones.

La solución no es más papeleo, sino profesionalización con reglas simples y medibles: mandato firmado, representación clara, transparencia de honorarios con factura, educación continua y colaboración basada en un repositorio único de datos (tipo MLS).

Coincido con Santiago Truffa: la hiper-regulación puede terminar encareciendo al consumidor; enfoquémonos en elevar la vara sin traspasar costos innecesarios a quienes quieren acceder a una vivienda. 

El negocio inmobiliario y de la construcción. Sectores en búsqueda de reinvención.

Por: Eduardo Ricci Burgos, abogado de Negocios en COHLERS & PARTNERS

El negocio inmobiliario y de la construcción nacional enfrenta, en lo que queda de este 2025 y para el 2026, un escenario particularmente desafiante: un entorno económico incierto, con costos de financiamiento aún elevados, mayor escrutinio normativo y un consumidor cada vez más exigente. Sin embargo, la historia del sector demuestra que, frente a las crisis, se abren también ventanas de innovación. Hoy la verdadera disyuntiva no es solo cómo construir más, sino cómo construir mejor y con un sentido de largo plazo.

Es necesario un cambio en las prioridades.Durante décadas, el foco estuvo puesto en la velocidad y volumen de la edificación, levantar viviendas para responder a la creciente demanda urbana. Hoy, la prioridad ha cambiado. Familias y empresas buscan proyectos con eficiencia energética, acceso a servicios, espacios flexibles y, sobre todo, estabilidad de valor en el tiempo. Esto obliga a que la industria incorpore estándares que antes eran vistos como opcionales, tales como las certificaciones verdes, gestión de residuos, uso de materiales sustentables y modelos financieros adaptados a un comprador más informado y prudente.

La innovación no se limita a nuevas tecnologías constructivas. La verdadera disrupción proviene de la capacidad de repensar el negocio completo. Ejemplos concretos de ello pueden ser los modelos de copropiedad flexibles basados en esquemas que permiten a varias familias o inversionistas compartir espacios, reduciendo costos iniciales; la construcción modular y prefabricada que resultamás eficiente, con menos residuos y plazos de entrega más cortos; la digitalización de la experiencia del cliente, que involucra desde recorridos virtuales hasta sistemas de gestión postventa transparentes, generando confianza en un mercado golpeado por controversias de calidad; y proyectos de “ciudad de 15 minutos” que integren trabajo, educación, comercio y recreación en un radio caminable, reduciendo la dependencia del automóvil y mejorando la calidad de vida.

En Chile, el déficit habitacional supera el millón de viviendas, pero la solución no se reduce a construir más metros cuadrados. La confianza de los compradores y arrendatarios ha sufrido por problemas de postventa, promesas incumplidas y rigideces contractuales. Recuperar esa confianza exige transparencia radical: contratos claros, sistemas de resolución de conflictos rápidos y la implementación de estándares éticos verificables en cada proyecto.

Aquí las empresas que se atrevan a adelantarse y ofrezcan garantías adicionales (como pólizas de cumplimiento, certificaciones independientes de calidad o compromisos explícitos de postventa) no solo se diferenciarán, sino que podrán transformar esa confianza en ventaja competitiva.

Por otro lado, el consumidor chileno ya percibe la sostenibilidad como algo más que un eslogan. Edificios con paneles solares, sistemas de reutilización de aguas grises o tecnologías pasivas de climatización no son solo beneficios ambientales, sino una promesa concreta de reducción de gastos comunes y valorización futura del inmueble.

El sector inmobiliario puede dar un paso adicional en este sentido, materializadas en el desarrollo de métricas claras y comparables para que el cliente sepa cuánto ahorrará en energía y agua, cuánto CO₂ se evitará con cada proyecto y cómo se verá beneficiada la comunidad circundante. Transparencia, nuevamente, convertida en motor de confianza.

Para concluir y como propuestas de valor, se estima que la industria inmobiliaria y de la construcción por suerte no está todavía frente a un callejón sin salida, sino en un cruce de caminos. La salida no es resistir pasivamente a los cambios, sino liderarlos. En este sentido, creo que existen 3 ejes que marcan la diferencia:

El primero, es innovar con propósito, pues no basta con aplicar tecnología; es necesario que ésta responda a las necesidades reales de accesibilidad, calidad de vida y sustentabilidad.

En segundo lugar, se debe recuperar la confianza, siendo radicalmente transparentes en contratos, plazos y postventa; y en tercer lugar, se debe construir valor social, entendiendo que cada proyecto inmobiliario impacta en barrios y comunidades, y que la licencia social para operar se gana con participación ciudadana y respeto al entorno.

En definitiva, quienes logren conjugar rentabilidad con confianza, innovación y sostenibilidad no solo sobrevivirán al actual contexto, sino que se posicionarán como líderes de la próxima etapa del desarrollo urbano en Chile.

¿Qué sucederá con el estadio Claro Arena UC en Las Condes y con el supermercado en Zapallar? 

Por: Patricio Herman Pacheco, Fundación Defendamos la ciudad

Desde hace un poco más de 3 años, a partir de mayo de 2022, en diversas columnas de opinión, en una de ellas haciéndole un llamado a Jorge Abbott, cuando era fiscal nacional, hemos estado acusando a la institucionalidad por lo que sucede con la falta de una verdadera protección contra incendios en los diferentes tipos de edificios de uso público, y en esta ocasión, damos cuenta de la denuncia formal de la fundación Defendamos la Ciudad, ingresada el 24 de septiembre del año en curso, con folio N° E124824/2025, en la Contraloría General de la República, en contra de la Dirección de Obras Municipales (DOM) de Las Condes, por haber cursado una recepción final definitiva al equipamiento comercial-deportivo Claro Arena UC, incumpliendo las normas fijadas para las pinturas intumescentes. 

Dejamos en claro que este equipamiento es de alta carga de ocupación y recurrimos al ente superior de control, pues esa DOM reconoció que respecto al fuego no exigió una certificación de un profesional especialista, argumentando livianamente que su oficina no tiene la obligación de solicitarle a un experto la fiscalización de los materiales utilizados en la construcción. Todos debiéramos saber que el uso de las pinturas intumescentes para este tipo de edificaciones públicas no se puede soslayar, por la sencilla razón de que está en riesgo la vida de la gente que concurre al recinto. 

Se evidencia que en este episodio se equivocaron los profesionales privados contratados por Claro Arena UC, como también las funcionarias municipales que otorgaron los permisos, percibiéndose que en este incidente no hubo corrupción, sino tan solo una supina ignorancia por parte de todos los intervinientes en la tramitación de los permisos, razón por la cual, ahora la Contraloría tendrá que resolver si procede una invalidación administrativa de la recepción final definitiva o bien otra solución para que, cumpliéndose más adelante el marco regulatorio aplicable, no se declare la clausura transitoria del estadio. Ello podría ser posible, según alegan muchos, pues este tipo de estadios siempre han funcionado sin esta imposición técnica, lo cual nos parecería razonable.   

En el balneario de Zapallar, 5a región de Valparaíso, existe una polémica por un proyecto de supermercado que se desea construir sobre un terreno que enfrenta la angosta calle Januario Ovalle, materia por la cual también hemos publicado nuestra opinión en unos cuantos medios de prensa y ahora último, nos ha llamado la atención que la socióloga que ejerce el cargo de Seremi Minvu de dicha región, envió un informe a la Corte de Apelaciones de Valparaíso, expresado que el respectivo anteproyecto mal cursado por la DOM de Zapallar tendría «derechos adquiridos» (sic). 

Dicha confundida funcionaria de la administración central reconoce que la calle Januario Ovalle es «local», situación que impide el emplazamiento de ese equipamiento comercial y para justificar su curioso proceder, dice que los equivocados certificados de informes previos (CIP), en los cuales la función municipal clasificó esa vía como «de servicio», por haber transcurrido más de 2 años desde sus emisiones, no se pueden invalidar administrativamente, lo cual es correcto. 

La DOM de Zapallar, en su oportunidad, debió invalidar el anteproyecto, pues la fecha del mismo se lo permitía, pero por alguna extraña razón no lo hizo y desde esta tribuna le manifestamos a tal díscola DOM que los CIP no  generan derechos y siempre deben ser coherentes con las normas fijadas en los planes reguladores comunales e intercomunales, como en la ley y ordenanza general de urbanismo y construcciones.   

Le recordamos al gobierno de Boric que, para ejercer la función de DOM, se requiere tener la profesión de arquitecto, ingeniero civil o ingeniero constructor, razón más que suficiente para que los Seremi Minvu de las 16 regiones del país, que tienen superioridad jerárquica, al menos dispongan de esos títulos profesionales para que así sus decisiones sean respetuosas del marco regulatorio urbano. 

Por lo anterior y con el objetivo de que Scarlett Salinas, DOM de Zapallar, y Belén Paredes, Seremi Minvu de la 5a. Región, procedan próximamente apegadas a la ley con la solicitud del proyecto de SMU, les recordamos que la Ordenanza General de Urbanismo y Construcciones (OGUC) determina las escalas, por sus cargas de ocupación, de este tipo de equipamientos que son mayor, mediano, menor y básico y sus relaciones con las calles que enfrentan, las que son expresas, troncales, colectoras, de servicio y locales.  

El proyecto de SMU, por su carga de ocupación, que es entre 250 y 1.000 personas, se clasifica como «menor» debiendo enfrentar obligatoriamente una vía «de servicio», de tal forma que la inversión del privado sería posible si ese equipamiento fuera «básico», de hasta 250 personas, ya que de esta manera, obviamente no denominado supermercado, puede enfrentar la vía «local» Januario Ovalle. 

Por lo tanto, para solucionar en breve plazo la controversia, el alcalde de Zapallar, Gustavo Alessandri, y el ministro de Vivienda y Urbanismo, Carlos Montes, deben ejercer sus influencias para que, respetándose el marco regulatorio aplicable, SMU pueda construir un pequeño mercado en su terreno que enfrenta la angosta calle Januario Ovalle. 

¿Cómo la gestión del personal en minería ha influido en otras industrias?

Por Cristian Arancibia, Gerente General de MG Certifica

La minería no solo ha sido el motor económico más constante del país, sino que, en muchos sentidos, ha marcado un estándar de cómo gestionar el capital humano en entornos de alta complejidad.

Su carácter de operación continua y la necesidad de mantener altos niveles de seguridad la han obligado a innovar de manera permanente en la gestión de personas, con prácticas que hoy sirven de referencia para industrias tan diversas como la energía, la construcción o la logística.

Una de las principales lecciones que la minería ha entregado a otros sectores es la organización eficiente de turnos especiales. Mientras la mayoría de las industrias tradicionalmente operaba en jornadas estándar, la minería instauró esquemas de trabajo que permiten mantener operaciones las 24 horas sin sacrificar el bienestar físico y mental de los trabajadores. Estas jornadas, reconocidas incluso por organismos reguladores, han sido adoptadas con éxito en sectores donde la continuidad operacional es indispensable.

Otro aspecto relevante es la gestión de riesgos. En la minería, la protección de la vida y la salud no es una aspiración simbólica, sino un mandato respaldado por protocolos exhaustivos y tecnología de punta. La estandarización de procedimientos, los sistemas de reporte obligatorio y las auditorías permanentes han inspirado a otras industrias a replantear su relación con la seguridad. Allí donde antes se confiaba en la experiencia individual, hoy se prioriza la planificación meticulosa y la capacitación constante.

El compromiso con el bienestar laboral ha sido también un eje diferenciador. Los procesos de inducción, herederos de onboarding minero, garantizan que cada trabajador conozca los riesgos y responsabilidades desde el primer día. Este enfoque ha demostrado ser eficaz en reducir accidentes y fortalecer la cultura preventiva en empresas de sectores menos regulados históricamente. La exigencia de mantener protocolos estrictos ha elevado el estándar de desempeño y ha fomentado una visión más humana de la productividad.

Sin embargo, replicar estos sistemas en otras industrias no está exento de desafíos. La minería cuenta con recursos económicos que difícilmente se encuentran en empresas medianas o pequeñas. Implementar protocolos de similar rigurosidad requiere inversión en formación, tecnología y control que no siempre está al alcance. Por eso, una de las tareas pendientes es democratizar estas prácticas, adaptando los sistemas de gestión a contextos más modestos sin perder su esencia.

En este esfuerzo, el rol del Estado resulta clave, tanto para facilitar la certificación de competencias como para fomentar políticas públicas que incentiven la adopción de estándares más exigentes. A la vez, las empresas deben comprometerse a optimizar recursos y buscar soluciones flexibles que garanticen la seguridad y la calidad de vida de sus trabajadores. La miseria ya demostró que un modelo de gestión riguroso puede transformar la cultura organizacional. El desafío es llevar esa transformación a todos los rincones de la economía.

Un nuevo estándar para la minería: de la exigencia al propósito

Por: Magdalena Márquez P. Head of Social Studies and International Standards, Arcadis

La industria minera se encuentra en un punto de inflexión crucial. La transición energética global ha puesto en evidencia la importancia de los minerales críticos —desde el litio hasta el cobre— como elementos esenciales para avanzar hacia un modelo más sustentable y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

Esta demanda exponencial ha generado una oportunidad única: transformar a la minería en un pilar estratégico para frenar el cambio climático, sin embargo, este potencial solo podrá materializarse si la industria logra responder a las crecientes expectativas de la sociedad, las autoridades y las entidades financieras en materia de sostenibilidad y responsabilidad.

En este contexto surge el nuevo Estándar Consolidado de Minería (CMSI), una iniciativa ambiciosa que busca unificar y elevar los objetivos de sostenibilidad promovidos por diferentes marcos internacionales como Copper Mark, ICMM, Towards Sustainable Mining y el World Gold Council. La meta es crear un estándar global, auditable y verificable, que genere confianza hacia la sociedad y que facilite la trazabilidad a través de toda la cadena de valor minera. 

El CMSI tiene un propósito claro: unificar criterios reconocidos internacionalmente, establecer métricas objetivas que reduzcan la brecha entre el “deber ser” y la realidad, y fortalecer la confianza de comunidades, gobiernos e inversionistas en una industria cada vez más transparente y responsable. 

Pero, ¿cuáles son los enfoques principales de este estándar? En primer lugar, la gestión ambiental y la seguridad, con metas concretas como la reducción real de emisiones, la trazabilidad total del agua utilizada, una mayor seguridad en relaves y una apuesta firme por la conservación de la biodiversidad. Luego, la relación con las comunidades y la gobernanza, promoviendo la participación temprana, la transparencia absoluta, el respeto por los derechos humanos y un compromiso genuino de la alta dirección con la rendición de cuentas. Finalmente, la resiliencia climática, que implica diseñar y adaptar infraestructura, así como también, avanzar en la transición hacia energías limpias.

Cumplir con estos focos no es tarea sencilla. La industria minera ha avanzado en cada uno de estos aspectos, pero aún enfrenta desafíos importantes para gobernar y hacer efectiva esta multiplicidad de acciones. Es necesario invertir en sistemas de gestión ambiental y social integrados, y, sobre todo, fomentar una cultura de planificación a largo plazo que sitúe la sostenibilidad en el centro de la estrategia empresarial. 

Este estándar representa, sin duda, una gran oportunidad. Las empresas que lo adopten de manera temprana, fortalecerán la confianza con sus grupos de interés y se posicionarán como líderes en un sector que busca ser parte de la solución frente a la crisis climática. La sostenibilidad no puede ser vista sólo como un requisito, sino como un propósito integrador que transforme la cultura corporativa y marque la diferencia en la competitividad y la legitimidad de la industria minera.

Desde nuestra experiencia en Arcadis, sabemos que el éxito no radica en cumplir un checklist, sino en integrar la sostenibilidad en la estrategia, gestión y cultura corporativa. Asimismo, cuando este compromiso se asume con convicción, se generan transformaciones que no sólo reducen riesgos, sino que atraen inversión, mejoran y mantienen la reputación y contribuyen a un desarrollo más justo y responsable.

Molibdeno: hay que seguir la pista del dinero 

Por: Patricio Herman  Pacheco, Fundación Defendamos la Ciudad

En el ciberespacio se lee, en términos generales, que el molibdeno es un elemento químico metálico gris plateado, valioso en la industria por su resistencia a altas temperaturas y la corrosión, siendo clave para la producción de aceros.

Pues bien, algunos expertos en minería, están revelando en sus círculos profesionales, que existe el contrabando de este elemento, cuyo símbolo es Mo, razón por la cual un ingeniero civil, escritor y destacado empresario, entregó el 25/05/2025 todos los antecedentes de rigor en la Contraloría General de la República para que se investigue cual será la razón de una inadvertencia que cometen algunas importantes empresas, cuyos nombres recurrentemente se publican en las secciones de economía de los medios de prensa. 

En efecto, las grandes empresas privadas del cobre que lo exportan, también lo hacen incluyendo el molibdeno pero sin declararlo con tal. Algunos hombres de negocios que se desenvuelven en el sector de la minería dicen que en sus exportaciones no va el molibdeno, pues no existe (sic). 

Codelco, por otra parte, declara que el molibdeno representa, en toneladas métricas, un 10 a un 12% de su producción de cobre. De modo que este valioso mineral que exportan las empresas privadas debería incluir el mismísimo porcentaje de molibdeno que no declaran. Si las empresas privadas, muchas de ellas extranjeras, admitieran que va una importante cantidad de molibdeno en cada envío de cobre, muy a sus pesares, tendrían que declarar por ese concepto un valor del orden de los 4 mil millones de dólares anuales.

Hemos decidido publicar este texto buscando la transparencia, pues sabemos que hace un par de años una alta ejecutiva de un grupo inversionista fue invitada a visitar una de las grandes minas de cobre del país y al regreso de su entretenido periplo a Santiago le comentó sorprendida a un grupo de amigos que ella creía que la visita era a una mina de cobre, pero que los distinguidos directores y ejecutivos presentes en la sala de reuniones solo hablaban de molibdeno.

De modo que el molibdeno, mineral cuya existencia las grandes mineras niegan, es un protagonista significativo de sus negocios y por ello sería conveniente que en nuestro país se empiecen a adoptar medidas para que las grandes empresas exportadoras de cobre declaren el molibdeno que se llevan al extranjero y paguen al Estado de Chile los impuestos correspondientes. Al incluirlo en lo que llaman “concentrado de cobre”, lo recuperan y comercializan. 

Sobre este asunto, los distintos gobiernos, a través del Servicio Nacional de Aduanas y de la Comisión Chilena del Cobre (Cochilco), en las pocas veces que han sido consultadas, han entregado explicaciones insatisfactorias y solo en el análisis químico-metalúrgico efectuado por el Centro de Investigación Minero Metalúrgico (CIMM), se estableció que el total de molibdeno contenido en el concentrado de cobre exportado por Minera Escondida alcanza a un promedio del 3%. 

Por ello valoramos en su justa dimensión que la contralora, Dorothy Pérez, después de analizarse los contundentes antecedentes que recibió, los haya trasladado el 09/09/2025 a la directora nacional del Servicio de Impuestos Internos (SII), Carolina Saravia, para que este servicio especializado se pronuncie sobre los tributos de las grandes mineras que provienen de la extracción del molibdeno como subproducto derivado del cobre.

Se concluye entonces que, aplicándose todas las disposiciones legales, tanto el SII como la Contraloría, determinarán que por la comercialización del molibdeno, las empresas cupríferas deberán pagar impuestos.  

Colonias urbanas: el fantasma que no queríamos ver

Por: Tracy Dustan, Commercial Executive – AlmaSur – Procentro

En Chile hablamos del “déficit habitacional” como si fuera el parte meteorológico: una cifra que cambia cada cierto tiempo, pero que ya nadie escucha. La diferencia es que este pronóstico no trae lluvia, trae campamentos. Y no pocos. El último Catastro Nacional de TECHO-Chile revela que hoy hay más de 120.500 familias viviendo en 1.428 asentamientos informales, el número más alto desde 1996. O sea, mientras nos llenamos la boca con “ciudades inteligentes”, hay un país paralelo que se ilumina con alargadores y se abastece de agua en bidones.

El ritmo tampoco ayuda al optimismo. Entre 2023 y 2025 se sumaron más de 6.000 familias, un alza del 10,6 %. Es cierto, ya no estamos en la locura de 2020-2022, cuando los campamentos crecían como cuentas de OnlyFans en pandemia, pero la foto actual sigue siendo brutal: 60 % sin luz con medidor propio y 39 % dependiendo de camiones aljibe. Es la postal de un Chile que inaugura torres en Ñuñoa con drones y tijeras doradas, mientras al lado las familias calientan agua en un tambor.

Y ojo con la migración. Desde 2022 casi 47.400 familias extranjeras se han instalado en campamentos, llegando a ser cerca del 20 % del total. No se trata de un “experimento alternativo de vida comunitaria”: es la consecuencia de un mercado formal que les cerró la puerta y de un Estado que, en vez de ofrecer soluciones, responde con desalojos esporádicos. Pero seamos francos: Chile no es un país con recursos de sobra. Tenemos un déficit habitacional crónico que ni siquiera alcanza a cubrir a las familias chilenas que llevan años esperando un subsidio. Cuando la migración irregular se suma a esa olla a presión, el resultado es doblemente complejo: más campamentos, más precariedad y, en muchos casos, focos de delincuencia y economías informales que terminan afectando tanto a los mismos migrantes como a las comunidades donde se insertan.

Mientras en el ministerio reparten discursos sobre “integración social”, la integración real la inventa la gente en terreno, con pasajes de tierra, luminarias improvisadas y reglas comunitarias. Pero esa “auto-urbanización” no es gratis: genera tensiones, precariza barrios enteros y consolida un modelo paralelo.

El problema es que seguimos en el loop de la política del anuncio. Planes de Emergencia Habitacional que no emergen, promesas de plazos que nadie cumple y subsidios que exigen más papeles que un doctorado en Harvard. Entre tanto diagnóstico y aplauso, el campamento se consolida como la verdadera política habitacional en terreno. Gratis, informal y al margen de la agenda oficial.

La pregunta incómoda es simple: ¿vamos a seguir tratando esto como un “margen” del problema, cuando ya son más de 120 mil familias viviendo fuera del radar formal? Porque al paso que vamos, hablar de campamentos no será un tema de pobreza extrema: será parte del mercado inmobiliario. Un mercado paralelo, improvisado, pero con más rapidez que el oficial.

Si de verdad queremos que esto cambie, no se trata de inventar más siglas ni slogans. Se trata de liberar suelo, acelerar permisos, flexibilizar subsidios y armar alianzas público-privadas que no mueran en Contraloría. Porque mientras el Estado sigue mirando maquetas 3D, los campamentos ya se transformaron en la “colonia urbana” que nadie quería reconocer, pero que llegó para quedarse.

Los campamentos dejaron de ser el fantasma en la periferia. Hoy son la ciudad B: más grande, más precaria y más visible que nunca. Y cuanto más nos hagamos los ciegos, más caro será integrarlos después. Porque si algo quedó claro en 2025, es que la vivienda en Chile no se está construyendo en verde… se está construyendo en campamento.

Estadio Claro Arena en Las Condes tiene problemas técnicos  

Por: Patricio Herman Pacheco, Fundación Defendamos la Ciudad

El estadio de la Universidad Católica, recientemente remodelado y conocido como Claro Arena, emplazado en la parte alta de la comuna de Las Condes, incumple la seguridad contra incendios y por ende, pone en entredicho la seguridad de sus usuarios: deportistas y público en general que asiste a conciertos y eventos.

Terceros expertos han advertido que las pinturas intumescentes, aplicadas en la estructura metálica del estadio carecen de respaldo normativo. Según consta, se utilizó el producto Fire Control de la empresa Sherwin Williams, el cual jamás ha contado con validación para elementos horizontales o inclinados y que, además, perdió en el año 2023 su aprobación para elementos verticales mediante resolución N°581 del Minvu del año 2022. 

En consecuencia, la protección contra incendios de ese equipamiento mayor es cuestionable, requiriendo una pronta revisión técnica por parte de dicha municipalidad, la cual ya solicitamos por escrito con fecha 10/09/20225 a Rocío Crisosto, en su calidad de directora de obras municipales (DOM), y a la jefa de recepción final de los proyectos de tal DOM, Rossana Meschi. Esta interpelación iba con copia a Carolina Casanova, Seremi Minvu de la región metropolitana de Santiago y a Catalina San Martín, alcaldesa de Las Condes.  

Este deplorable hecho trae inevitablemente a la memoria lo acontecido en el puerto de San Antonio, donde la Contraloría Regional de Valparaíso, al revisar la construcción del Estadio Municipal, determinó que las pinturas intumescentes instaladas no contaban con las certificaciones exigidas por la norma chilena NCh3040.Of2007.

En ese vinculante dictamen N°  E505855/2024, se estableció con toda claridad que dicha norma es oficial en nuestro país y, por tanto, de aplicación obligatoria en obras públicas y privadas cuando los contratos firmados disponen cumplir con todas las normas chilenas.

La denuncia ingresada por la fundación Defendamos la Ciudad en Contraloría, bajo el N° E34068-2025,da cuenta de que cientos de obras públicas presentan deficiencias similares, reconocidas por la propia dirección de arquitectura del Ministerio de Obras Públicas (MOP) en sus diversos oficios. Si bien esa denuncia aún se encuentra en trámite en el ente fiscalizador, resulta evidente que debe aplicarse el mismo criterio establecido en San Antonio: la señalada norma NCh3040.Of2007 es exigible y no puede ser reemplazada por simples informes sin respaldo.

Frente a esta situación pendiente, no basta con que el Minvu siga entregando respuestas evasivas, lo que ha hecho hasta ahora. Es indispensable que el ministro, Carlos Montes, se decida a firmar, la actualización de la Ordenanza General de Urbanismo y Construcciones (OGUC) en materia de seguridad contra incendios, lo que este columnista le ha dicho a Vicente Burgos, jefe de la División de Desarrollo Urbano (DDU) de ese ministerio.

Los lectores se sorprenderán al saber que el propio Minvu, con antelación, catalogó como urgente esta actualización que,  inexplicablemente, continúa guardada en un hermético cajón de tal ministerio. Mantenerla sin promulgarla sólo agrava la incertidumbre normativa y expone a miles de personas a riesgos evitables.

Por lo tanto, aprovechando esta publicación, le solicitamos a la Contraloría General de la República que extienda su dictamen a todas las obras del país, instruyendo sanciones ejemplares cuando se verifique la mala aplicación o la utilización de productos fuera de norma.

Asimismo, exigimos que la alcaldesa de Las Condes fiscalice ella misma el estadio Claro Arena por la protección contra incendios y las pinturas irregulares utilizadas, pues se trata de un recinto masivo donde la vida de miles de asistentes depende de la correcta protección contra incendios.

No puede admitirse que, en obras financiadas con recursos públicos o en proyectos privados de gran envergadura, se validen simples “papeles” sin sustento normativo. La seguridad de las personas debe primar sobre cualquier interés económico o político. La experiencia de San Antonio lo demostró: sin fiscalización rigurosa del MOP y aplicación estricta de las normas oficiales, la ciudadanía queda expuesta a riesgos inaceptables.

En mérito de lo expuesto, esperamos que la propia contralora, Dorothy Pérez, exija que todos los proyectos que estipulan “cumplir con las normas chilenas”, deben necesariamente ceñirse a la mencionada NCh3040.Of2007, con  lo cual se evitarán las manoseadas interpretaciones laxas que terminan en vulneraciones graves a la seguridad.

Asimismo confiamos que el ministro Montes, haciendo un paréntesis en su preocupación por la toma de un terreno en San Antonio, promulgará ojalá esta semana la actualización de la OGUC en seguridad contra incendios. Lo peor sería, si no lo hace, lamentar más adelante una tragedia anunciada.

Invertir para migrar: El nuevo rostro del capital chileno

Por: Esteban Larrondo, Director de Latam en USA

Desde hace algunos años, hemos sido testigos de un fenómeno que refleja no solo una reconfiguración económica, sino también un cambio cultural profundo en ciertos sectores de la sociedad chilena: la creciente búsqueda de residencia en EE.UU a través de la inversión. Lo que antes parecía exclusivo de grandes empresarios, hoy se ha convertido en una estrategia premeditada de diversificación patrimonial y, al mismo tiempo, una apuesta por la estabilidad y proyección familiar.

Chile ya no es, para muchos, el oasis económico que alguna vez se creyó. Tras el estallido social, la pandemia y una serie de transformaciones estructurales que han afectado tanto la percepción de seguridad como la previsibilidad jurídica y tributaria, un número creciente de ciudadanos con alto (y mediano) patrimonio ha comenzado a mirar más allá de nuestras fronteras. Y Estados Unidos, con todas sus complejidades, aparece como una opción atractiva por su estabilidad económica, marco legal claro y posibilidades migratorias ligadas al capital.

Contrario a lo que muchos piensan, no se trata únicamente de millonarios comprando propiedades en Miami. Existen vías formales y específicas, como la visa EB-5, que permiten obtener la residencia legal a cambio de inversiones que, además, deben generar empleo en EE.UU. Para algunos, esto significa colocar entre 800 mil y un millón de dólares en proyectos preaprobados. Para otros, el camino pasa por visados como el E-2, que si bien no otorgan residencia permanente de inmediato, permiten operar negocios en el país con montos menores, pero sustanciales.

Un dato que suele sorprender es que Chile posee, junto a Singapur, un tratado exclusivo que facilita el acceso a visas para profesionales calificados. Sin embargo, este beneficio es ampliamente subutilizado. Es decir, no solo se abren puertas para grandes empresarios, sino también para técnicos y profesionales que, con el debido respaldo y planificación, pueden proyectar una vida en el extranjero a través de la inversión y el talento.

Sectores como bienes raíces, franquicias de servicios y cuidado del hogar, e incluso el rubro del bienestar y las mascotas, están siendo explorados con interés creciente. Las ciudades preferidas van más allá de Miami, incluyendo estados como Texas y zonas emergentes donde se instala la nueva industria tecnológica. La clave está en identificar nichos bien regulados, con proyecciones de crecimiento y, por supuesto, con beneficios tributarios razonables.

Este fenómeno no es menor. Habla de una transformación silenciosa pero significativa del Chile actual. Una élite económica que, antes más nacionalista en sus inversiones, ahora prefiere diversificar internacionalmente; y una clase media-alta emergente que visualiza en la inversión extranjera no solo una posibilidad de negocio, sino también una plataforma para mejorar la calidad de vida y el futuro de sus hijos.

La inversión como herramienta migratoria llegó para quedarse. Y más allá de las valoraciones personales, es reflejo de un país en transición, donde el capital, el talento y la planificación estratégica buscan nuevos horizontes. No se trata de escapar. Se trata de anticiparse.

Corretaje inmobiliario en Chile: entre la flexibilidad y la necesidad de confianza

Por: Matías Echeverria, CEO y fundador de Housepricing.cl

En Chile existen más de 30 mil entidades registradas con giro de corretaje, pero solo unas 7 mil están realmente activas. Esa inquietante cifra dada a conocer recientemente nos muestra una diferencia que no es sólo estadística sino que  refleja un mercado donde la barrera de entrada es casi inexistente. Es decir, cualquiera puede ofrecer servicios de corretaje sin formación, sin respaldo profesional y, peor aún, sin estándares mínimos.

Este escenario genera dos efectos inmediatos. Por un lado, los compradores y vendedores quedan expuestos a malas prácticas tales como contratos mal diseñados, información incompleta, falta de respaldo legal e incluso fraudes. En un sector donde se mueven los ahorros de vida de miles de familias, la ausencia de estándares básicos es un riesgo demasiado grande.

Por otro lado, los corredores profesionales ven cómo su oficio se erosiona. La reputación del corretaje se mezcla entre quienes trabajan con transparencia y quienes improvisan, generando desconfianza generalizada hacia todo el sector. ¿El resultado? Un mercado que en lugar de fortalecerse con más competencia, se debilita por la falta de reglas claras.

La discusión, entonces, no es si debemos regular o no, sino qué nivel de regulación es razonable. No se trata de crear una burocracia que dificulte la entrada al oficio, sino de establecer un mínimo estándar de confianza. Y en ese sentido algunas medidas posibles debieran ser.

  • Certificación básica obligatoria, que asegure conocimientos mínimos de derecho, contratos y tasación.
  • Registro público y activo de corredores, donde solo quienes cumplan con requisitos puedan operar formalmente.
  • Sanciones claras y aplicables frente a malas prácticas, respaldadas por un marco legal concreto.
  • Educación al consumidor, para que compradores y vendedores puedan distinguir entre profesionales y aficionados.

Chile no necesita inventar la rueda. En países como España o Australia, el corretaje inmobiliario exige licencias y cursos obligatorios. Esto no elimina la competencia, pero sí garantiza que todos jueguen con las mismas reglas y que el consumidor esté protegido.

En Estados Unidos, por ejemplo, cada agente debe estar licenciado por su respectivo estado y aparece en un registro público que cualquier persona puede consultar. Esa transparencia, sumada a códigos de ética como los de la National Association of Realtors, ha permitido elevar la confianza en la industria y reducir las malas prácticas.

El corretaje inmobiliario es, en esencia, un servicio de confianza. Quien entrega su propiedad o sus ahorros espera transparencia, respaldo y profesionalismo. Hoy, Chile no está asegurando esas condiciones.

La pregunta de fondo es simple: ¿Queremos seguir en un mercado donde cualquiera puede improvisar, o preferimos construir una industria donde la confianza sea la regla y no la excepción? El debate está abierto. Y la respuesta no puede seguir esperando.

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