Según la Superintendencia de Bancos e Instituciones Financieras (SBIF) después de los créditos comerciales, los créditos hipotecarios son los más solicitados.
Por: Equipo Mercados Inmobiliarios
Para muchas parejas jóvenes, el sueño de la casa propia parece cada vez más inalcanzable. Las restricciones bancarias han aumentado, con tasas de interés más altas y plazos de financiación más cortos. En este escenario, la renta complementaria se ha convertido en una herramienta fundamental para quienes buscan acceder a un crédito hipotecario.
Esta opción permite que dos personas sumen sus ingresos para cumplir con los requisitos mínimos exigidos por los bancos. Tradicionalmente, esta alternativa ha sido utilizada por cónyuges, pero también es válida para familiares directos como padres, hijos o hermanos e incluso para exparejas que comparten la crianza de un hijo en común.
Las entidades bancarias han endurecido sus criterios para otorgar créditos hipotecarios. Actualmente, no solo consideramos la capacidad de pago, sino también la estabilidad laboral y el historial financiero de los solicitantes.
“Cada banco establece sus propias condiciones para renta complementaria, pero en general se requiere que ambos postulantes cuenten con una situación financiera estable, sin morosidad y con una antigüedad laboral comprobable”, explica Denisse D’Apremont, agente de RE/MAX Synergy.
Complementar renta es particularmente útil para parejas jóvenes que aún no alcanzan un ingreso suficiente de manera individual. Al sumar sus sueldos, pueden acceder a financiamiento que, de otra manera, les sería negado. Sin embargo, este mecanismo también implica riesgos que deben ser considerados con antelación.
Desde el punto de vista legal, la vivienda queda a nombre de quien figura como comprador en la escritura de compraventa. Si ambos firmantes aparecen como propietarios, el bien quedará en comunidad. Pero si solo uno de ellos es el titular, el otro quedará como codeudor solidario.