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Matthei advierte Incertidumbre Regulatoria y Encarecimiento de la Vivienda y pide modernizar sistemas de subsidios

En Encuentro Smart organizado por Capital Inteligente, Evelyn Matthei y Óscar Landerretche alertaron sobre incertidumbre económica, exceso de regulación y dificultades de acceso a la vivienda y llamaron a las familias y jóvenes a invertir de manera informada.

Por: Comunicado de Prensa

«Chile no tiene falta de capacidad ni de inversión. Lo que tiene es exceso de trabas, lentitud e incertidumbre”. Con esas palabras, Evelyn Matthei resumió uno de los diagnósticos que dejó el 5° Encuentro Smart de Educación e Inversión Inmobiliaria, organizado por Capital Inteligente y patrocinado por TocToc en el MUT, Mercado Urbano Tobalaba.

La economista y exalcaldesa participó junto a Óscar Landerretche en el panel “Macroeconomía y desarrollo de ciudad”, donde ambos coincidieron en que hoy es el mejor momento para invertir aunque de manera informada, porque el mercado inmobiliario enfrenta un escenario complejo marcado por la incertidumbre regulatoria, el encarecimiento de la vivienda y la necesidad de recuperar la inversión.

“El valor de las viviendas ha crecido mucho más rápido que los sueldos, y eso ha dejado a miles de familias fuera del acceso a la casa propia”, afirmó Matthei, agregando que la caída de la construcción ya ha provocado “la quiebra de más de 500 empresas y la pérdida de cerca de 180 mil empleos”.

La exministra sostuvo que la crisis no se resolverá con una sola medida y planteó la necesidad de “destrabar permisos, modernizar planos reguladores, revisar normas de construcción, mejorar los sistemas de subsidio y dar mayor certeza jurídica para volver a invertir”.

“Cuando un país demora años en aprobar proyectos, cambia las reglas permanentemente y llena de incertidumbre a quienes quieren invertir, el costo finalmente lo terminan pagando las familias”, advirtió.

Por su parte, el economista Óscar Landerretche señaló que Chile enfrenta un cambio estructural en materia de inversión y patrimonio familiar. “Chile tardó en reconocerse como un país de clases medias. Hoy lo es, y ese reconocimiento trae consigo un desafío concreto: cómo invertir ahorros que muchas veces no alcanzan para una cartera verdaderamente diversificada”, sostuvo.

El académico agregó que, pese a los años difíciles del sector inmobiliario, “hay brotes verdes”, aunque enfatizó que el mercado está siendo transformado por fenómenos estructurales como la transición energética, la crisis demográfica y los cambios ambientales.

“Estos fenómenos están redefiniendo qué inmuebles tienen futuro y cuáles no. Las familias que quieren invertir deben tener estas tendencias presentes”, afirmó.

El Encuentro Smart reunió durante dos jornadas a economistas, académicos, abogados, arquitectos, ejecutivos e influencers financieros, además de una feria inmobiliaria con más de 9 mil activos disponibles entre departamentos, casas, terrenos y bodegas, consolidándose como uno de los principales espacios de análisis sobre inversión y vivienda en Chile.

Entre las inmobiliarias participantes destacaron: Ingevec, Norte Verde, VIVA, RVC, Leben, Paz, Sento, Toscana, Simonetti, Fundamenta, Euro, Auténtica, Convet, Imagina, Ssilva Gestión Inmobiliaria, Avanza Park, Metrópolis, AJ Urbana, Fai, E Casa, Nihuel, Vida Nueva, entre otras.

¿Crisis bancaria o nueva forma de operar? 90 sucursales han cerrado en Santiago

El cierre sostenido de oficinas bancarias en la Región Metropolitana abre el debate sobre si la industria enfrenta una contracción estructural o simplemente una profunda reconversión impulsada por la digitalización, el trabajo híbrido y los nuevos hábitos financieros de los clientes.

Por: Equipo Mercados Inmobiliarios

La imagen tradicional de ejecutivos atendiendo detrás de mesones, filas de clientes esperando atención y grandes sucursales bancarias en avenidas principales comienza lentamente a desaparecer del paisaje urbano capitalino. Lo que para algunos podría parecer una señal de crisis, para otros responde a una transformación estructural impulsada por la digitalización, el teletrabajo y el cambio en los hábitos de consumo financiero.

De acuerdo con cifras entregadas por la consultora Colliers Chile, cerca de 90 sucursales bancarias han cerrado en la Región Metropolitana entre 2024 y lo que va de 2026, consolidando una tendencia que ya venía acelerándose tras la pandemia.

“A la fecha existen alrededor de 525 sucursales bancarias activas en la capital. Durante 2024 cerraron 41 oficinas, en 2025 alrededor de 35 y en lo que va de 2026 ya han bajado otras 12”, explica Reinaldo Gleisner.

Lejos de responder únicamente a ajustes financieros, el fenómeno estaría relacionado con una redefinición completa del modelo de atención bancaria. Hoy gran parte de las operaciones se realizan desde aplicaciones móviles, plataformas web o ejecutivos remotos, disminuyendo considerablemente la necesidad de acudir físicamente a una sucursal.

La tendencia también dialoga con las nuevas dinámicas laborales. El auge del trabajo híbrido redujo la circulación diaria de personas en sectores corporativos y centros financieros, afectando directamente el flujo tradicional que sostenía muchas oficinas bancarias, especialmente en el centro de Santiago.

En paralelo, las entidades financieras han comenzado a privilegiar formatos más pequeños, automatizados y especializados, dejando atrás grandes espacios de atención presencial. Según el análisis de Colliers, los bancos buscan optimizar recursos, disminuir costos operacionales y ofrecer soluciones más ágiles y digitales.

En este escenario, BancoEstado aparece como la excepción. Entre 2024 y 2026 ha abierto cerca de 20 nuevas sucursales a nivel nacional, varias de ellas en la Región Metropolitana, manteniéndose además como la institución con mayor presencia física en Santiago, con 145 oficinas activas.

Le siguen Banco Santander Chile con 105 sucursales, Banco de Chile con 98 y BCI con 82 unidades.

Pero el cierre de sucursales no solo está cambiando la industria bancaria. También está transformando el mercado inmobiliario comercial. Muchos de estos espacios —ubicados en zonas estratégicas y con superficies promedio cercanas a los 500 metros cuadrados— están siendo reutilizados por centros médicos, cafeterías y tiendas de conveniencia.

Sin embargo, el fenómeno no ocurre de manera uniforme. Las antiguas oficinas emplazadas en el centro de Santiago presentan mayores dificultades para encontrar nuevos arrendatarios debido al aumento de la vacancia y la percepción de inseguridad en algunos sectores del casco histórico.

“La proyección es que esta tendencia se mantendrá y para finales de año muy probablemente las sedes bancarias descenderán de las 500 unidades en la capital”, concluye Reinaldo Gleisner.

Más que una crisis tradicional, el fenómeno parece reflejar el tránsito hacia una banca menos presencial y más tecnológica, donde las sucursales físicas dejan de ser el centro de la operación para transformarse en puntos específicos de asesoría y atención especializada.

Vitacura frente al espejo del NIMBY: ¿Comuna o museo del privilegio?

Por: Rodrigo Aravena A, Director Comercial, AGS Visión Inmobiliaria

La decisión de la Municipalidad de Vitacura de modificar su Plan Regulador Comunal es, al menos, una decisión valiente, ante un entorno que lo sabemos reacio a cambios en su status-quo. Y no es un simple trámite normativo; es una oportunidad de abrir espacio a replantearse como territorio integrante de un espacio mayor; Santiago. Una ciudad metropolitana de más de siete millones de habitantes.

Es, en realidad, una prueba de fuego: ¿está la comuna dispuesta a comportarse como una economía urbana moderna o creerá que aún puede aislarse como barrio dormitorio?

Seamos directos: la resistencia que empieza a emerger no es sofisticada y ya se ha manifestado anteriormente, en plebiscitos que cerraron la puerta a procesos de cambios en algunas de sus vías más estructurales, como Av. Kennedy o Monseñor Escrivá de Balaguer.

Es la expresión clásica del fenómeno NIMBY (Not In My Backyard): un movimiento bien articulado y políticamente eficaz que ha convertido la planificación urbana en un mecanismo de defensa de rentas. Bajo el paraguas de “proteger la calidad de vida”, lo que en la práctica se defiende es la escasez regulada del suelo y, con ello, la valorización artificial de los activos inmobiliarios existentes.

Esta estrategia tiene costos sistémicos que pagamos todos. La inversión pública en el Metro genera una plusvalía significativa y predecible. Si la normativa restringe la densidad en sus áreas de influencia, esa riqueza no desaparece, sino que se capitaliza de forma concentrada en los propietarios actuales. Es una transferencia silenciosa de valor: el Estado invierte miles de millones de dólares, pero el beneficio se queda en manos privadas sin contrapartidas urbanas relevantes.

Desde la lógica de mercado, esto es una ineficiencia flagrante. Limitar la oferta de vivienda justo donde aumenta la accesibilidad equivale a estrangular el mercado. El resultado es el alza de precios y una barrera de entrada cada vez más alta. En términos simples: se protege a los insiders (residentes actuales) a costa de excluir a los outsiders (nuevas familias).

Pero hay un punto aún más incómodo: Vitacura está envejeciendo. Su estructura demográfica muestra un aumento sostenido en la edad promedio. Sin mecanismos que permitan el ingreso de hogares jóvenes, la comuna no solo se vuelve más cara, sino también más rígida y menos sostenible. La densificación bien localizada no es sólo una respuesta al mercado; es la única herramienta real de recambio generacional y espacial en nuestras ciudades. Hoy, a los propios jóvenes de Vitacura, no se le abren espacios de reubicación en la misma comuna, con una oferta acotada de viviendas a precios inviables.

El argumento opositor suele advertir sobre la «pérdida de identidad». Sin embargo, la identidad urbana no es una pieza de museo que deba congelarse; es un proceso vivo. Además, la evidencia es clara: cuando la densificación se vincula a estándares exigentes de espacio público y usos mixtos, no deteriora el entorno, lo valoriza. Los mercados más sofisticados hoy premian la caminabilidad y la integración, no el aislamiento. Por lo demás, la principal avenida de la comuna (Vitacura), hoy ofrece una pésima calidad espacial y ambiental: es una isla de calor mal arbolada, concentra más automóviles en venta que peatones caminando y tristemente se complementa con bares y vida nocturna que terminan de configurar un paisaje urbano bastante poco feliz para la comuna de mayor ingreso de Santiago.

En este contexto, es imperativo reconocer y felicitar la valentía del Municipio al dar este paso. Enfrentar la inercia de los grupos de interés locales y proponer una visión de largo plazo requiere un liderazgo que prioriza el bien común por sobre el costo político inmediato. Vitacura tiene hoy la posibilidad de romper el inmovilismo y avanzar hacia un modelo abierto y equilibrado. Ejemplos de renovación urbana bien llevados, sobran. Y es momento de tomarlos como referentes para nuestros próximos barrios.

Disminuye vacancia de oficinas A+B en Santiago

Mientras el segmento Clase A lidera la absorción, los precios comienzan a mostrar alzas acotadas y se evidencia mayor actividad de arriendo en submercados que se encontraban estancados.

Por: Equipo Mercados Inmobiliarios

La vacancia del mercado de oficinas en Santiago sigue consolidando su tendencia a la baja, impulsando un leve aumento en los precios de arriendo en ambos segmentos. De acuerdo con el informe Figures Oficinas Santiago 1T 2026 de la consultora inmobiliaria CBRE, la tasa general (Clase A+B) alcanzó un 9,64%, disminuyendo 120 puntos base en comparación con igual periodo del año anterior, sobre un inventario de 4,9 millones de metros cuadrados de oficinas.

Según explicó la senior research manager de CBRE, Ingrid Hartmann, “la evolución del mercado refleja un proceso de ajuste progresivo, donde la menor incorporación de nueva oferta, junto con una demanda activa y más selectiva, ha permitido absorber de forma sostenida la vacancia acumulada y avanzar hacia niveles más equilibrados“.

El segmento Clase A lidera esta recuperación, con una vacancia de 9,22%, la más baja de los últimos cinco años. Este desempeño se explica, en parte, por la ausencia de nueva oferta durante el trimestre, pero también por una demanda que se mantiene activa, privilegiando edificios modernos. En este contexto, submercados como Nueva Las Condes y El Golf destacan por sus bajos niveles de disponibilidad -con 5,39% y 6,31% respectivamente-, evidenciando una preferencia sostenida por activos de mayor estándar.

Por su parte, el segmento Clase B se mantiene bajo el umbral del 10% por segundo trimestre consecutivo, cerrando el periodo en 9,96%. A diferencia de la Clase A, este segmento sí registró el ingreso de nueva oferta con la incorporación de un edificio de 7.013 m² en Las Condes, lo que generó un leve aumento de 12 puntos base en su vacancia dado que el inmueble inició su operación disponible, pero con avances en sus negociaciones y se espera que esta vacancia disminuya rápidamente. No obstante, el dinamismo es más evidente en zonas como Vitacura, donde la vacancia Clase B cayó a 7%, su menor nivel en más de seis años, y en Huechuraba, que también mostró una reducción en su disponibilidad.

Desplazamiento geográfico de la demanda

El comportamiento del mercado durante el trimestre evidenció un desplazamiento en los focos de demanda, especialmente en el segmento Clase A. A diferencia de periodos anteriores, donde Las Condes concentraba gran parte de la absorción, en este inicio de año se observó una mayor actividad en submercados como Providencia y Santiago Centro, que captaron operaciones relevantes y dinamizaron su ocupación.

“Este cambio responde, en parte, a una mayor disponibilidad de espacios en estas zonas, pero también a una búsqueda por parte de las empresas de ubicaciones más competitivas en términos de costos, sin renunciar a estándares adecuados. En paralelo, submercados consolidados como El Golf y Nueva Las Condes continúan mostrando bajos niveles de vacancia, lo que limita su disponibilidad inmediata y refuerza su posicionamiento como zonas de alta demanda”, explicó Hartmann.

Precios comienzan a ajustarse al alza

En línea con la disminución sostenida de la vacancia, los precios de arriendo mostraron leves incrementos durante el primer trimestre. En el segmento Clase A, el valor promedio alcanzó 0,49 UF/m², acumulando un alza interanual de 9% mientras que en el segmento Clase B llegó a 0,37 UF/m². Este comportamiento refleja un mercado que comienza a recuperar gradualmente su capacidad de fijación de precios.

El alza de los combustibles redefine la movilidad en Chile

Por: Dr. Lorenzo Reyes Bozo Decano Facultad de Ingeniería y Negocios Universidad de Las Américas

El 2026 representa un punto de inflexión en la evolución de la electromovilidad en Chile. Un proceso que hasta hace poco avanzaba de forma gradual, impulsado por políticas públicas y compromisos ambientales, ha dado paso a una expansión acelerada guiada por variables económicas. La discusión ya no radica en si el país avanzará hacia la electrificación del transporte, sino en la velocidad y condiciones en que este cambio se consolidará.

Las cifras del mercado reflejan esta transformación. Durante el primer trimestre de 2026, las ventas de vehículos eléctricos superaron las 11.900 unidades, con un crecimiento cercano al 94% respecto del año anterior. Este impulso se intensificó en marzo, cuando las ventas mensuales registraron un alza cercana al 148%, evidenciando un cambio significativo en el comportamiento de los consumidores. Los vehículos híbridos no enchufables continúan liderando el mercado, favorecidos por su menor costo y por no requerir infraestructura de carga. En contraste, los vehículos enchufables —tanto eléctricos puros como híbridos— exhiben las mayores tasas de crecimiento, aunque su participación aún es limitada.

Este dinamismo también se observa en la micromovilidad, en la que bicicletas y scooters eléctricos han experimentado una expansión sostenida, con expectativas de crecimiento cercanas al 50% en algunos segmentos. Este fenómeno responde a nuevas dinámicas urbanas, donde la eficiencia en costos, la adaptabilidad y la reducción de tiempos de desplazamiento adquieren creciente relevancia.

En los últimos meses el aumento sostenido en los precios de los combustibles ha gatillado las ventas de vehículos eléctricos e híbridos, con incrementos que han superado el 30%. Este escenario ha modificado la lógica de decisión de los consumidores, desplazando la atención desde el costo inicial de compra hacia el costo total de operación. En este contexto, la electromovilidad deja de ser percibida como una alternativa de nicho y se posiciona como una opción económicamente competitiva. En términos prácticos, las señales del mercado han logrado acelerar la adopción en plazos considerablemente más breves que los observados bajo el solo impulso regulatorio.

Sin embargo, este crecimiento también pone en evidencia desafíos estructurales. La instalación de puntos de carga, si bien ha crecido, sigue siendo insuficiente y presenta una fuerte concentración territorial. A ello se suman barreras asociadas al costo inicial de los vehículos y la limitada existencia de incentivos directos al usuario, factores que han sido clave en experiencias internacionales. Asimismo, el marco institucional aún muestra rezagos frente a la velocidad del mercado. Pese a ello, la electromovilidad ha dejado de ser una promesa futura para convertirse en una respuesta concreta a las condiciones económicas del presente.

Chile en zona de riesgo: cuando lo opcional se vuelve irresponsable

Por: Claudia Escobar, Gerente Comercial Seguros CCS

En un país donde los terremotos no son una posibilidad remota, sino parte de la historia reciente y de la memoria colectiva, resulta difícil entender por qué la protección frente a este riesgo sigue siendo, en muchos casos, una decisión postergada.

Chile ha construido su desarrollo urbano bajo una condición estructural evidente: vivimos sobre una de las zonas sísmicas más activas del planeta. Sin embargo, en el ámbito de la vida en comunidad —particularmente en condominios— persiste una contradicción preocupante. Mientras el seguro de incendio es obligatorio por ley, la cobertura de sismo continúa siendo opcional. Y esa diferencia, lejos de ser técnica, está generando una brecha real en la protección del patrimonio de miles de familias.

Los datos son elocuentes. Cerca de un 30% de los edificios en el país no cuenta con cobertura sísmica. Es decir, uno de cada tres condominios podría enfrentar un evento mayor sin respaldo financiero suficiente para reconstruir o reparar sus espacios comunes. En la práctica, esto significa que ante un terremoto, los costos recaerán directamente en los copropietarios, muchas veces en cifras que superan ampliamente sus capacidades económicas.

La experiencia del 27 de febrero de 2010 debió haber sido un punto de inflexión. No solo por la magnitud del desastre —con pérdidas equivalentes a cerca del 15% del PIB—, sino porque dejó en evidencia una realidad incómoda: la mayoría de las viviendas no estaba asegurada contra sismos. A más de una década de ese evento, la pregunta es inevitable: ¿cuánto hemos aprendido realmente?

El problema no es solo de acceso, sino también de percepción. Existe una tendencia a minimizar el riesgo o a asumir que “no va a pasar ahora”. Sin embargo, expertos advierten que Chile podría estar entrando en un nuevo ciclo de alta actividad sísmica. No se trata de alarmismo, sino de probabilidades. Y frente a eventos de alto impacto, la preparación no puede depender de la intuición ni de la inercia.

A esto se suma un factor clave: el desconocimiento. Muchas comunidades no comprenden del todo qué cubren sus pólizas, cuáles son sus limitaciones o qué implicancias tiene no contar con ciertas coberturas. Esta falta de información termina traduciéndose en decisiones incompletas o derechamente erradas.

La cobertura de sismo no es un lujo ni un exceso de precaución. Es, en rigor, una extensión lógica de la protección en un país como Chile. Más aún si se considera que los daños tras un evento sísmico no se limitan a lo estructural inmediato: fallas eléctricas, incendios posteriores o la inutilización de infraestructura crítica pueden agravar significativamente el impacto inicial.

El punto de fondo es claro: cumplir con lo mínimo exigido por la normativa ya no es suficiente. La realidad exige un estándar más alto de responsabilidad, tanto por parte de las administraciones como de las comunidades.

En este contexto, la conversación debe cambiar. No se trata solo de promover seguros, sino de instalar una cultura de prevención más robusta, donde la información, la anticipación y la toma de decisiones informadas sean la norma y no la excepción.

Porque cuando el próximo gran sismo ocurra —y la historia indica que ocurrirá—, la diferencia entre estar protegido o no, no será técnica ni administrativa. Será, simplemente, la diferencia entre poder recuperarse o quedar expuestos.

Seguros contra sismos: Cerca del 30% edificios en Chile no cuentan con este documento

En Chile, donde la vida en condominios sigue creciendo y concentra a cientos de miles de familias, la protección de los bienes comunes se vuelve un elemento clave para la seguridad y continuidad de la vida en comunidad.

Por: Equipo Mercados Inmobiliarios

Según la Ley de Copropiedad Inmobiliaria 21.442 el seguro de incendio es obligatorio en condominios, cubriendo daños materiales ante siniestros como incendios. Sin embargo, la cobertura de sismo —clave en un país como Chile— es voluntaria y debe contratarse como adicional.

Esta diferencia ha generado una brecha estructural en la protección de las comunidades. Hoy, un porcentaje importante de los edificios no cuenta con seguro adicional de sismos, pese a que Chile figura en la lista de los países con mayor actividad sísmica del mundo, junto a Indonesia, China, Irán, Turquía y Japón.

Las lecciones del pasado son claras. Tras el terremoto del 27 de febrero de 2010, se evidenció que solo un 24% de las viviendas en las regiones afectadas contaba con cobertura de terremoto, dejando expuestas a numerosas familias a pérdidas significativas.

El impacto económico fue de gran magnitud: las pérdidas generadas por el 27-F fueron equivalentes al 15% del PIB nacional, superando los US$ 30 mil millones. A nivel asegurador, según cifras de la Asociación de Aseguradores de Chile (AACh), a 2017 se habían recibido más de 222 mil denuncias por siniestros asociados, con un total de US$ 6.300 millones en indemnizaciones.

A pesar de estos antecedentes, la cobertura sísmica sigue siendo postergada en muchas comunidades. El crecimiento sostenido de edificios en el país ha ampliado el número de copropiedades expuestas, muchas de las cuales no cuentan con protección adecuada.

A esto se suma un factor crítico: el tiempo. Expertos advierten que Chile podría estar entrando en un nuevo ciclo de alta actividad sísmica. “No necesariamente, pero ojo, en estos temas hay complejidades. No podemos bajar nunca la guardia”, advirtió en un medio de comunicación el geógrafo Marcelo Lagos. Tras citar estudios sobre la recurrencia de grandes terremotos, agregó que “hoy estamos en el margen de que podría ocurrir un gran evento y eso no lo podemos descartar”.

“Estos antecedentes demuestran que no basta con cumplir con lo mínimo exigido por la normativa. En un país como Chile, el riesgo sísmico debe ser considerado como parte esencial de la protección de los condominios”, explica Claudia Escobar, Gerente Comercial de Seguros CCS.

Una cobertura clave que sigue siendo opcional

El adicional de sismo para la propiedad común permite cubrir los daños materiales ocasionados por sismos en bienes comunes, facilitando la reparación o reconstrucción de infraestructura crítica como ascensores, pasillos, estacionamientos y áreas compartidas.

Escobar puntualiza, “Su ausencia puede traducirse en costos millonarios que deben ser asumidos directamente por los copropietarios, afectando la estabilidad financiera de las comunidades y retrasando su recuperación tras una catástrofe. En un edificio en Santiago, tras un sismo no muy elevado, el ascensor de la comunidad sufrió destrozos y su reparación tuvo un costo de reparación de 900 millones de pesos. El adicional de sismo es una cobertura complementaria al seguro de incendio, diseñada para proteger los inmuebles frente a daños estructurales provocados por terremotos. Su contratación requiere la aprobación del comité de copropietarios o de una asamblea, e incorpora un deducible, correspondiente a una suma o porcentaje del monto asegurado”.

Un aspecto poco conocido es que los daños no terminan con el movimiento telúrico. Un sismo puede provocar incendios o fallas críticas —por ejemplo, en ascensores o instalaciones eléctricas— que agravan el impacto inicial. En estos casos, un edificio que cuenta con cobertura adicional de sismo puede enfrentar de mejor manera los costos de reparación o reconstrucción. De lo contrario, la comunidad queda completamente expuesta, debiendo financiar los arreglos con recursos propios.

Incluso, tras un sismo, existe un plazo de varios días en caso de réplicas en el que los daños por incendio pueden ser considerados dentro de la cobertura, lo que refuerza la importancia de contar con una póliza adecuada.

¿Qué ocurre en todo el país?

De acuerdo a los registros de Seguros CCS, la distribución porcentual de la contratación de pólizas con y sin cobertura de sismo a nivel regional, evidencia importantes brechas a lo largo del país. A nivel nacional, un 70,1% de las pólizas incluye cobertura sísmica, mientras que el 29,9% no la contempla1.

En el norte, regiones como Tarapacá y Atacama presentan altos niveles de contratación con sismo, superando el 90%, lo que refleja una mayor conciencia de riesgo. En contraste, hacia la zona centro-sur, la cobertura disminuye de forma relevante, con casos como Ñuble (48%) y Maule (54,8%), donde una proporción significativa de pólizas aún no incorpora esta protección. Por su parte, regiones extremas como Aysén y Magallanes alcanzan niveles de cobertura del 100%, marcando el punto más alto del país.

En conjunto, los datos muestran una adopción desigual de la cobertura sísmica, lo que abre espacio para avanzar en mayor información, educación y acceso a seguros en aquellas zonas donde la penetración aún es baja.

Un llamado urgente a actuar

Desde Seguros CCS enfatizan que la correcta comprensión de las coberturas sigue siendo un desafío. Tras el 27-F, el regulador detectó bajos niveles de conocimiento por parte de los asegurados respecto a sus pólizas, lo que evidencia una brecha que persiste hasta hoy.

En un escenario donde el próximo gran sismo no es una interrogante sino una probabilidad, el llamado es claro: las comunidades no pueden seguir postergando decisiones críticas.

Revisar las pólizas, entender sus alcances y evaluar la incorporación de cobertura de sismo ya no es una medida preventiva opcional, sino una decisión clave para resguardar la seguridad financiera y estructural de los edificios.

Seguros CCS invita a administradores, comités y comunidades a actuar con anticipación y asegurar una protección integral frente a uno de los riesgos más relevantes del país.

La Contraloría tuvo que sancionar a funcionarios del gobierno 

Por: Patricio Herman Pacheco, Fundación Defendamos la ciudad

La Contraloría General de la República instruyó, vía un dictamen, a la Secretaría General de Gobierno, encabezada por la ministra Mara Sedini, iniciar un proceso disciplinario en contra de los funcionarios públicos que intervinieron en las imprudentes y falsas opiniones que se divulgaron con publicidad, en orden a que «el Estado está en quiebra». El objetivo de este infundio era desprestigiar a la administración saliente y en tal dictamen, ese ministerio, como lo expresó la Contraloría, tiene la obligación de ceñirse a los principios de probidad, transparencia y veracidad, así como al deber de entregar información verificada, correcta y oportuna. Después de conocerse este pronunciamiento, en la prensa se han publicado innumerables cartas criticando a la titular de la Contraloría y algunas pocas apoyándola.  

Quien asumió un rol activo en reprochar el mencionado dictamen, fue el diario El Mercurio en su editorial del pasado domingo 3 de mayo de 2026, titulado «Cuestionable dictamen de Contraloría», en el cual, entre otras cosas, publicó que «el pronunciamiento involucra una peligrosa burocratización del lenguaje» (sic), luego asimilando su apreciación a la llamada «permisología», palabra inventada por aquellos empresarios promotores de que sea sumamente laxa la fiscalización de las instituciones públicas a sus proyectos de inversión.   

El mismo día domingo pasado, debido a que este columnista, estaba disconforme con ese editorial, le enviamos una carta muy ponderada, para que así fuera posible su publicación, al director de ese medio, en los siguientes términos: «En razón a que el Estado chileno no está en quiebra, aunque las cifras económicas no son las deseables, aceptando que los lectores de El Mercurio puedan estar en desacuerdo o no con el dictamen de la Contraloría que objetó esa expresión, difundida por la Secretaría General de Gobierno, el lector que suscribe está totalmente de acuerdo con el pronunciamiento vinculante del ente fiscalizador, pues es irresponsable que el propio gobierno emita juicios mendaces. Los particulares, los parlamentarios, los empresarios, los medios de prensa y en general todos, en base a la libertad de expresión existente, podemos decir lo que se nos ocurra, aunque sean tonteras, pero el Poder Ejecutivo, a través de sus ministerios y a todo evento, siempre debe expresar la verdad de los hechos, pues en sentido contrario pierde su credibilidad».  Obviamente esta carta fue censurada. 

Aprovechando la oportunidad, informaremos a continuación sobre una reciente entrevista sostenida con la alcaldesa de Vitacura y como el conflictivo Iván Poduje está de moda, nos referiremos en esta ocasión a él con motivo de dos situaciones determinadas en que ha intervenido, sin que la prensa en general haya dado debida cuenta de las mismas:

1° respecto de su decisión de construir cinco edificios en altura de viviendas de todo tipo, en el terreno de 4 hectáreas, considerado área verde en los instrumentos de regulación urbana, conocido como Parque Cerro Colorado en la comuna de Las Condes, según nos han informado las organizaciones ciudadanas que están en contra de ese proyecto inmobiliario, dicho ministro para justificar su iniciativa comercial, en su visita con periodistas a ese terreno el pasado 20 de abril, protegido por sus guardias pretorianos, aseguró a la prensa que «este sitio eriazo está botado hace más de 40 años (sic), lo cual es un simple embuste, pues este espacio es un vergel muy bien mantenido por la municipalidad de Las Condes.    

2° nos gustó la «parada de carro» de Poduje a los dirigentes locales de Magallanes del Partido Socialista, quienes en calidad de extraños promotores de un especulativo negocio de los socios controladores del Club Hípico de Punta Arenas, el sábado 2 de mayo pasado, le pidieron explicaciones al ministro porque éste rechazó, con sólidos argumentos, la expropiación del terreno de 20 hectáreas del club, en una excesiva suma de dinero. La transacción comercial fue urdida, a fines del gobierno de Boric, con las usuales actividades de lobby de los interesados y con equivocadas, por lo tanto, sospechosas tasaciones. 

El 28 de abril pasado, con 2 competentes profesionales, un arquitecto y un abogado, nos reunimos con la alcaldesa de Vitacura, Camila Merino, para expresarle el riesgo latente que significaría aumentar, sin los necesarios resguardos ambientales y territoriales, el crecimiento poblacional en el sector donde se emplaza el cerro Alvarado, en cuyas pendientes ya se han construido edificios en altura con permisos que no se enmarcaron, como era necesario, en las normas urbanas del Plan Regulador Comunal (PRC) de Las Condes, ello por cuanto la comuna de Vitacura se creó el año 1992, escindida de Las Condes, y contó con su primer PRC a fines del año 1999. Recordemos que el cerro Alvarado era área verde en el Plan Regulador Metropolitano de Santiago (PRMS) de 1994 y por ello los primeros permisos en el cerro, de fechas 1996 y 1998, sin que existiera el PRC de Vitacura, ingeniosamente se cursaron «para parcelas en procesos de loteo, aplicándose el artículo 3° transitorio del PRMS». El cerro Alvarado actualmente no es cerro isla, luego no es área verde, por lo tanto hay «chipe libre» para levantar torres.   

Dados los riesgos que tienen las construcciones emplazadas en laderas, le propusimos a la alcaldesa Merino y a sus funcionarios municipales presentes en la entrevista que, a modo de ensayo, se monitoree la estructura de uno de esos edificios, ya que existen en Chile empresas que supervisan, mediante sensores, el registro de vibraciones, inclinaciones y asentamientos de los mismos en tiempo real y de ahí van a una plataforma web donde los ingenieros los analizan y al detectarse una anomalía, inmediatamente se genera una alerta. 

Todos sabemos que Chile es el país más sísmico del mundo y por ello estimamos que esta tecnología, basada en datos objetivos, con monitoreo permanente y con resultados en pocas horas, se debería utilizar, dejando a un lado las inspecciones visuales. En nuestro país ya se monitorean puentes ferroviarios, hospitales, estanques de combustible, monumentos históricos y edificios corporativos. Sin embargo, no existe hoy una normativa contenida en un cuerpo legal que exija monitoreo continuo en edificios de alta densidad, infraestructura crítica o patrimonio histórico.

En resumen, 1° muy bien «el tirón de orejas» de la Contraloría a los funcionarios díscolos que se desenvuelven en el ministerio que dirige Sedini, 2° El autónomo Poduje continuará ejerciendo como ministro «trabajólico», apareciendo permanente en la prensa como a él le gusta y 3° la alcaldesa Merino tendrá que analizar si acoge nuestra propuesta y aplica la tecnología mencionada en uno de los edificios localizados en el cerro Alvarado. 

La nueva Ley de Copropiedad no eleva el estándar: lo deja al descubierto.

Por: Sergio Jara Rivera, CEO SOMA Holding Group.

La entrada en vigencia de la Ley 21.442 ha sido leída como una modernización necesaria del régimen de copropiedad en Chile. Sin embargo, su efecto más profundo no está en lo que agrega, sino en lo que revela: una distancia significativa entre el estándar que la ley exige y la forma en que muchas comunidades han venido operando.

Durante años, la administración de edificios y condominios se ha sostenido, en demasiados casos, sobre prácticas reactivas, controles débiles y una comprensión parcial de lo que implica gestionar una operación compleja. En ese contexto, la nueva normativa no introduce una disrupción radical; introduce un marco que vuelve visibles esas fragilidades y, sobre todo, más costoso ignorarlas.

El primer punto de quiebre es la figura del administrador. La ley no profesionaliza por decreto, pero sí acota el espacio para la improvisación. Administrar deja de ser una función principalmente coordinativa para transformarse en una responsabilidad que exige control efectivo, criterio operativo y capacidad de ejecución. La diferencia no es semántica: es estructural.

En paralelo, el comité de administración deja de ser una instancia meramente representativa. Con mayores atribuciones vienen también mayores responsabilidades, y con ellas, una exposición concreta frente a decisiones mal ejecutadas o derechamente postergadas. Gobernar una comunidad —porque eso es lo que hoy implica— requiere un nivel de involucramiento que no todos los comités están preparados para asumir.

La transparencia financiera, por su parte, deja de estar en el terreno de las buenas prácticas para instalarse como un mínimo exigible. La trazabilidad de los gastos, la claridad en las rendiciones y el acceso efectivo a la información no son innovaciones; son condiciones básicas que, al volverse obligatorias, comienzan a evidenciar brechas históricas en la gestión.

Algo similar ocurre con los reglamentos de copropiedad. Por años relegados a un rol formal, muchas veces desactualizados o desconectados de la operación diaria, hoy pasan a ser una pieza central de la gobernanza. El problema es que, en un número relevante de comunidades, ese instrumento no está en condiciones de sostener decisiones complejas ni de ordenar la convivencia bajo el nuevo marco legal.

Finalmente, la estructuración de los mecanismos de toma de decisiones —asambleas, quórums, votaciones— reduce la discrecionalidad y eleva la exigencia en la ejecución. Decidir ya no es solo acordar; es hacerlo dentro de un marco que requiere precisión, respaldo y cumplimiento riguroso. Esto tensiona directamente a quienes operan sin procesos claros ni soporte técnico.

La Ley 21.442 no viene a resolver los problemas de la copropiedad. Viene a hacerlos evidentes y, en ese proceso, a elevar el costo de seguir operando como si nada hubiera cambiado.

El desafío, por tanto, no es normativo, es operacional. No se trata de conocer la ley, sino de tener la capacidad real de sostener lo que la ley exige: control, estructura, transparencia y ejecución.

En el corto plazo, esto generará una diferenciación clara. Por un lado, comunidades que ajusten su forma de gestionar y logren adaptarse al nuevo estándar. Por otro, aquellas que, sin las herramientas ni la estructura adecuada, comenzarán a tensionarse progresivamente en su operación cotidiana.

La diferencia entre ambas no estará en el texto de la ley, sino en la capacidad de aplicarla. Y esa, hoy, es la verdadera línea divisoria en la copropiedad en Chile.

Construcción industrializada gana terreno como respuesta al desafío de ciudades más sostenibles

Menor impacto ambiental, mayor eficiencia y mejores estándares de habitabilidad explican el creciente interés por este modelo constructivo, que expertos del sector identifican como clave para enfrentar el déficit habitacional, el cambio climático y las nuevas exigencias normativas.

Por: Comunicado de Prensa

En un contexto marcado por el déficit habitacional, la presión por construir con mayor rapidez y la necesidad de reducir el impacto ambiental de las ciudades, la construcción industrializada comienza a consolidarse como una alternativa estratégica para el desarrollo urbano en Chile. El modelo, que traslada gran parte del proceso constructivo a entornos industriales controlados, mejora la productividad, eleva la calidad de las edificaciones y avanza hacia estándares de mayor sostenibilidad.

La construcción industrializada se basa en la fabricación de componentes bajo condiciones estandarizadas, con altos niveles de precisión y control de calidad, que luego se ensamblan en obra. Este sistema reduce plazos, optimiza el uso de materiales y disminuye la generación de residuos, además de mejorar el desempeño térmico y acústico de viviendas y edificaciones.

“La industrialización permite responder de mejor manera a los desafíos actuales de la construcción, porque combina eficiencia, calidad y sostenibilidad. No se trata solo de construir más rápido, sino de construir mejor y con una mirada de largo plazo”, explica Antonio Sabugal, gerente general de Volcán y presidente del Comité de Industriales de la Cámara Chilena de la Construcción (CChC).

El ejecutivo advierte que el sector enfrenta un escenario cada vez más exigente, marcado por el cambio climático, eventos extremos y una mayor presión regulatoria. “Por eso lo concreto es acelerar la industrialización, que este enfoque no quede encapsulado en un piloto o en un proyecto aislado; debe ser mucho más transversal y que impacte a todos los actores de la cadena: mandantes, diseñadores, proveedores, constructoras y efectivamente, a todos los equipos y a todos los que están en el ecosistema de la construcción”, precisa.

Frente al reto, empresas del rubro han reforzado su apuesta por soluciones industrializadas. Es el caso de Volcán, compañía chilena con 110 años de trayectoria, especializada en sistemas de construcción liviano-seca; su portafolio incluye soluciones para muros, cielos, fachadas y aislación térmica y acústica, orientadas a proyectos habitacionales, industriales y de infraestructura pública.

Durante los últimos años, Volcán, empresa perteneciente al Grupo Matte, ha impulsado una expansión de sus líneas de negocio, creando un área específica de soluciones industrializadas, con el objetivo de aportar mayor eficiencia, calidad constructiva y mejor desempeño ambiental a los proyectos. “El país necesita elevar el estándar de habitabilidad, y eso requiere cambiar la forma en que diseñamos y ejecutamos la construcción. La industrialización permite planificar mejor, reducir errores y generar valor real para las personas”, afirma Sabugal.

Este enfoque cobra especial relevancia ante la entrada en vigencia de nuevas exigencias en reglamentación térmica, que obligarán a las constructoras a utilizar productos con mayores niveles de aislación. Para la industria, este cambio representa una oportunidad para acelerar la adopción de soluciones con mayor valor agregado, capaces de mejorar el confort interior y reducir el consumo energético de las edificaciones.

“A ello se suma el desafío de avanzar hacia una construcción más sostenible y circular. En este ámbito, la industrialización facilita la optimización de procesos productivos, la reducción del consumo de agua y energía, y una menor huella de carbono, aspectos clave para el desarrollo de ciudades más resilientes”, apunta el ejecutivo.

16/05/2026 22:47