Por: Eduardo Ricci Burgos, abogado de negocios
El sector de la construcción está en un punto de inflexión. La presión por reducir costos, mejorar plazos, garantizar calidad y cumplir estándares regulatorios ha impulsado la adopción de tecnologías innovadoras, desde la modelación BIM hasta la construcción modular. Estas herramientas ya no son opcionales: son estratégicas para mantener competitividad y sostenibilidad en el negocio.
Durante décadas, la gestión de proyectos se basó en experiencias pasadas, planillas y coordinación presencial. Hoy, el sector demanda procesos más precisos, trazables y colaborativos, donde la tecnología se convierte en un habilitador de decisiones eficientes y anticipadas.
El Building Information Modeling (BIM) permite integrar diseño, planificación, construcción y operación en un modelo digital centralizado pues reduce errores de diseño y retrabajos, facilita la coordinación entre arquitectos, ingenieros, contratistas y proveedores; y permite simular escenarios de costos, tiempos y riesgos antes de iniciar la obra
En un mercado donde los márgenes son estrechos y los plazos críticos, el BIM se traduce en eficiencia operativa y reducción de costos, convirtiéndose en una herramienta estratégica para constructoras y desarrolladores.
La construcción modular ha emergido como una alternativa para optimizar tiempo y recursos, especialmente en proyectos de vivienda social, oficinas y edificaciones corporativas, dado que permite prefabricar elementos bajo estándares controlados, reduce la exposición a riesgos climáticos y retrasos en obra, y acelera la entrega sin comprometer calidad ni cumplimiento normativo.
Además, este enfoque facilita economías de escala y un menor impacto ambiental, alineándose con tendencias de sostenibilidad y eficiencia energética.
Sin embargo, más allá del BIM o la construcción modular, la innovación tecnológica en obra implica digitalizar todos los procesos, tales como por ejemplo: el control de avances, el seguimiento de proveedores, la gestión documental y el monitoreo de la seguridad laboral.
Por ello, la digitalización permite visualizar información en tiempo real, detectar desviaciones, anticipar riesgos y tomar decisiones basadas en datos confiables; ya que en un mercado donde la eficiencia y la transparencia son valoradas por clientes, inversionistas y autoridades, esta capacidad se traduce en ventaja competitiva.
Naturalmente, la adopción de tecnología en la construcción no es solo un desafío técnico, es un reto cultural y estratégico, pues requiere, entre otras cosas, capacitar al personal en nuevas metodologías y herramientas; rediseñar procesos y roles para integrar tecnología de manera efectiva; e impulsar un liderazgo que promueva la innovación y colaboración entre equipos multidisciplinarios.
De este modo, las empresas que logran integrar tecnología de manera holística fortalecen su resiliencia, reducen riesgos y proyectan una imagen de profesionalismo y confiabilidad ante todos los actores del mercado.
Para concluir cabe señalar que la innovación tecnológica en obra ya no es un diferencial: es un requisito estratégico para la competitividad y sostenibilidad de los proyectos en nuestro país. El BIM, la construcción modular y la digitalización integral no solo optimizan costos y tiempos, sino que fortalecen la trazabilidad, la transparencia y la capacidad de respuesta frente a imprevistos.
Es por ello que quienes adopten estas herramientas de manera estructurada estarán mejor posicionados para enfrentar un mercado cada vez más exigente, entregar proyectos de calidad y consolidar su liderazgo en un sector en transformación constante.