Por: Eduardo Ricci Burgos, abogado de negocios
Pese a ser uno de los motores históricos del crecimiento económico chileno, el sector inmobiliario sigue rezagado en materia de digitalización. En los últimos años, la industria ha incorporado herramientas tecnológicas principalmente en el marketing y la venta, tales como sitios web, redes sociales, portales o visitas virtuales, geolocalización, entre otras, pero la verdadera transformación digital integral aún está pendiente.
El desafío no es puramente tecnológico, sino estratégico y cultural. Es decir, cómo pasar de usar herramientas digitales de manera fragmentada a convertir los datos, la automatización y la analítica en el corazón mismo de la gestión inmobiliaria para el veneficio de la industria.
Adoptar softwares o plataformas no equivale a transformarse digitalmente. Muchas empresas del rubro cuentan con sistemas tecnológicos aislados, tales como un CRM comercial, un ERP financiero, una planilla para control de obras y otra para postventa. Esa dispersión impide una visión unificada del negocio y, en consecuencia, limita la toma de decisiones informadas.
Primer “fake”: La verdadera transformación ocurre cuando la organización logra conectar sus procesos, centralizar la información y convertir los datos en conocimiento útil. Esto requiere liderazgo, inversión, rediseño de procesos y, sobre todo, una cultura empresarial que valore la gestión basada en evidencia por sobre la intuición o la costumbre.
El mercado inmobiliario actual es más competitivo, más regulado e incierto que nunca. Tomar decisiones basadas únicamente en experiencia o percepción puede resultar costoso; en cambio, el uso de Big Data, analítica predictiva y herramientas de inteligencia de negocios permite anticipar tendencias de demanda, evaluar riesgos de inversión y optimizar precios y tiempos de venta.
Los datos se han convertido en el nuevo activo estratégico, ya que conocer el comportamiento del cliente, su capacidad de financiamiento y sus preferencias permiten diseñar productos más ajustados y rentables. Sin embargo, ese valor solo se materializa cuando la información es real, confiable, segura y bien gestionada, lo que exige también protocolos robustos de protección de datos personales.
El sector de la construcción e inmobiliario arrastra históricamente un problema de baja productividad. La digitalización de procesos (a través de metodologías como BIM, gestión documental electrónica o sistemas de control de obra en tiempo real) ofrece una vía concreta para reducir pérdidas, mejorar coordinación y evitar retrabajos; por lo que las empresas que integran herramientas digitales en su cadena completa (desde el diseño hasta la postventa) logran no solo mayor eficiencia, sino también trazabilidad y cumplimiento normativo, aspectos cada vez más valorados por inversionistas y compradores institucionales.
Segundo “fake”: La transformación digital no ocurre por decreto ni por software. Requiere visión y compromiso desde la alta dirección, y en donde el cambio debe impulsarse como una estrategia de negocio, no como un proyecto tecnológico, pues involucra a las personas, redefine roles y exige nuevas competencias.
De este modo, el desafío para el sector inmobiliario es pasar del discurso a la acción ya que no basta con modernizar la vitrina; hay que modernizar la gestión. Por lo que las empresas que logren integrar datos, tecnología y cultura digital estarán mejor preparadas para competir en un mercado donde la eficiencia, la transparencia y la confianza son los nuevos diferenciadores.
En definitiva, la digitalización pendiente no es una brecha tecnológica, es una oportunidad estratégica. En un entorno de mercado volátil y competitivo, los líderes del futuro serán aquellos capaces de construir sobre datos, no sobre suposiciones.






