Con la llegada de las bajas temperaturas y el aumento de la humedad, especialistas advierten sobre la necesidad de ajustar las rutinas de aseo en el hogar para prevenir alergias y mejorar la calidad del aire en espacios interiores.
Por: Equipo Mercados Inmobiliarios
El otoño no solo marca un cambio en el clima, sino también en la forma en que habitamos nuestros espacios. A partir del 20 de marzo, la disminución de las temperaturas y la tendencia a mantener puertas y ventanas cerradas generan un escenario propicio para la acumulación de polvo, humedad y otros agentes que pueden afectar la salud respiratoria.
De hecho, según un estudio realizado por Cadem y Aramark en 2025, uno de cada cinco chilenos declara padecer algún tipo de alergia, una cifra que se vuelve especialmente relevante en esta época del año.
El problema no es menor. Durante el otoño, el aumento de la humedad ambiental favorece la proliferación de ácaros y microorganismos, especialmente en superficies textiles como alfombras, cortinas o tapices. A esto se suma la suciedad que ingresa desde el exterior, como hojas, tierra o polvo, transportados a través de zapatos, ropa o mascotas.
“Los hogares requieren una mayor frecuencia de limpieza y ventilación para evitar la acumulación de partículas que pueden afectar tanto la higiene del ambiente como la salud respiratoria”, explica Carlos Schilling.
Zonas críticas dentro del hogar
No todos los espacios se ven afectados de la misma manera. Según el especialista, existen puntos clave donde la suciedad tiende a concentrarse con mayor facilidad. Por ejemplo, entradas y pasillos, donde se deposita la suciedad proveniente del exterior, alfombras y tapetes, que retienen polvo fino, hojas y pelos. Sectores cercanos a ventanas o balcones, expuestos al ingreso de tierra por el viento y espacios bajo muebles, donde el polvo se acumula cuando la limpieza es menos frecuente.
La falta de mantención en estas áreas no solo deteriora las superficies, sino que también favorece la presencia de ácaros, bacterias y malos olores.
Ajustar la rutina: una necesidad estacional
A diferencia del verano, donde la ventilación natural es constante, en otoño las dinámicas cambian. Las familias pasan más tiempo en interiores, lo que obliga a replantear las rutinas de limpieza.
Entre las recomendaciones más relevantes destacan aumentar la frecuencia de aspirado, especialmente en alfombras y pisos. Ventilar diariamente los espacios, aunque sea por breves periodos. Priorizar la limpieza en zonas de alto tránsito como living, cocina y accesos. Controlar la humedad para evitar la proliferación de microorganismos.
En este contexto, el uso de tecnologías como aspiradoras inteligentes o robots de limpieza ha ganado terreno, ya que permiten eliminar partículas finas de manera más eficiente que métodos tradicionales.
“Estos equipos cuentan con sistemas de succión de alta potencia y filtros avanzados que capturan polvo fino, pelos de mascotas y otras partículas microscópicas”, añade Schilling.
Errores frecuentes
Uno de los principales problemas, advierten los expertos, es mantener las mismas rutinas de limpieza que en verano. Reducir la ventilación, no aumentar la frecuencia de aseo o ignorar zonas críticas son prácticas comunes que pueden agravar la acumulación de alérgenos.
La clave, entonces, está en adaptarse. Porque más allá del orden, la limpieza en otoño se transforma en una herramienta esencial para cuidar la salud y mejorar la calidad de vida dentro del hogar.





