Por: Tracy Dunstan, Gerente Comercial Procentro
Los incendios recientes en recintos industriales y centros de bodegaje volvieron a instalar una pregunta incómoda en la industria logística. De esas que nadie responde en voz alta, pero que todos se hacen después del segundo café…estamos realmente preparados para una emergencia… o simplemente somos muy buenos cumpliendo checklists?
Porque una cosa es el impacto inmediato del siniestro (sirenas, titulares, protocolos activados) y otra muy distinta es el día después. Operaciones detenidas, clientes inquietos, contratos bajo revisión y cadenas de suministro completas tensionadas. Ahí es cuando la seguridad deja de ser un requisito administrativo y pasa a convertirse en una decisión estratégica. De esas que no se notan cuando están bien, pero se extrañan brutalmente cuando faltan.
Durante años, la lógica fue simple (y bastante cómoda): cumplir la normativa mínima y seguir operando. Hoy, ese enfoque quedó corto… Muy corto. El estándar del mercado ya no se define por lo que dice el reglamento, sino por la capacidad real de un centro para prevenir, contener y responder. No reaccionar cuando ya es tarde. Anticiparse cuando todavía hay margen.
El primer punto crítico es el acceso. Ese tema que suele verse como “operativo” hoy es una variable de riesgo en toda regla. Flujos desordenados, accesos lentos o controles poco claros no solo afectan la eficiencia: aumentan la exposición. Y en logística, exposición es una palabra que siempre termina apareciendo en la planilla de costos, aunque nadie la haya presupuestado.
Luego está la vigilancia. Presencia humana en terreno, monitoreo visual continuo y control perimetral dejaron de ser un plus para convertirse en el mínimo esperable. En seguridad, el tiempo no es un detalle técnico: es la diferencia entre un evento contenido y una crisis que escala. Llegar antes cambia todo, incluso el tono de las llamadas.
Pero donde hoy está puesto el verdadero foco es en la prevención y contención de incendios. Redes húmedas operativas, sistemas de detección temprana y una correcta compartimentación de espacios dejaron de ser temas reservados a memorias técnicas. Hoy son criterios decisivos al momento de elegir dónde operar. La pregunta ya no es solo si un centro puede incendiarse (porque puede!!!), sino qué tan rápido deja de ser un problema mayor.
Aquí el diseño de las bodegas juega un rol central. Divisiones cortafuego de alto estándar, estructuras de hormigón y sistemas integrados de alerta permiten ganar tiempo, contener la propagación y facilitar una respuesta efectiva. En una industria donde cada minuto cuenta, estos elementos no son lujos ni sobreingeniería: son infraestructura crítica.
Y aquí viene el detalle que suele pasarse por alto. No todos los centros son iguales, aunque desde fuera se vean bastante parecidos. Vale la pena (mucho) leer el reglamento interno, entender cómo se gestionan las emergencias y, sobre todo, saber quiénes son tus vecinos. Porque no es lo mismo compartir recinto con operaciones compatibles que con actividades que elevan el riesgo sin que nadie lo tenga realmente mapeado. La convivencia logística también es parte de la seguridad, aunque no aparezca en el brochure.
La mirada del mercado cambió. Hoy no basta con un buen precio o una ubicación atractiva. Se evalúa cómo se comporta un recinto frente a un evento real, si puede aislar el riesgo y si permite seguir operando sin transformar una emergencia puntual en un efecto dominó que termine afectando a todo el ecosistema.
La tendencia es clara. En un escenario de mayor exigencia y tolerancia cero al error, la seguridad dejó de ser un costo adicional y pasó a ser un factor estructural de decisión. En logística, invertir en prevención ya no es una señal de exceso. Es, simplemente, la condición mínima para operar con resiliencia… y no descubrir demasiado tarde que el problema no estaba dentro de tu bodega, sino al lado.





