El avance del fuego en el sur del país reabre el debate sobre la real protección de las viviendas frente a catástrofes. Qué cubren los seguros, en qué fijarse al contratar una póliza y por qué revisar hoy las cláusulas puede marcar la diferencia mañana.
Por: Equipo Mercados Inmobiliarios
La magnitud de los incendios forestales que han afectado al sur de Chile —potenciados por fuertes vientos y condiciones climáticas extremas— no solo ha dejado miles de damnificados, sino que también ha instalado una pregunta urgente: ¿están realmente protegidas las viviendas frente a este tipo de siniestros? En un país cada vez más expuesto a eventos extremos, el seguro contra incendios se vuelve una herramienta clave para resguardar el patrimonio inmobiliario.
En muchos casos, las viviendas cuentan con pólizas asociadas a créditos hipotecarios, las que incluyen coberturas frente a incendios. Sin embargo, no todas protegen de la misma forma. Algunas consideran solo el inmueble, otras incluyen el terreno y, en ciertos casos, también el mobiliario, electrodomésticos y daños derivados, como afectación de instalaciones eléctricas o servicios básicos. Conocer en detalle qué cubre el contrato es fundamental para evitar sorpresas al momento de activar el seguro.
Según explica Daniela Henríquez, abogada y manager de REMAX Cumbre, en los últimos años se ha registrado un aumento tanto en el precio de los seguros por desastres naturales como en las primas asociadas a estas coberturas. “Hoy es indispensable cotizar con distintas compañías y analizar quién ofrece el mejor equilibrio entre costo y protección real”, advierte. Las tarifas, agrega, dependen directamente del alcance de la cobertura: desde daños estructurales hasta el deterioro de instalaciones y bienes al interior de la vivienda.
El contexto urbano también juega un rol relevante. El crecimiento de la población y la expansión de las ciudades hacia zonas rurales o forestales ha incrementado la exposición al riesgo. Por eso, al momento de comprar una propiedad, la experta recomienda evaluar factores como la cercanía a zonas boscosas, la presencia de viento constante, la pendiente del terreno, la acumulación de basura en sectores aledaños y la disponibilidad de agua ante una emergencia. “No es solo la casa, es el entorno lo que puede marcar la diferencia frente a un incendio”, sostiene.
En caso de que la aseguradora no responda oportunamente o la póliza no cubra los daños sufridos, existen alternativas legales. Los afectados pueden optar por demandas individuales o colectivas ante la Superintendencia de Valores y Seguros, buscando una compensación por las pérdidas. No obstante, la prevención sigue siendo la mejor estrategia.
“Al momento de activar un seguro, es clave registrar todos los daños con el mayor detalle posible, anotando fechas, horas y respaldando con fotografías y videos”, recomienda Henríquez. Esta información permite a la aseguradora evaluar correctamente la cobertura y agilizar el proceso. En tiempos donde el fuego se ha convertido en una amenaza recurrente, revisar hoy las cláusulas del seguro puede ser la decisión que proteja años de esfuerzo y ahorro.





