Estándares energéticos obligatorios, electrificación y nuevas exigencias ambientales están redefiniendo el mercado inmobiliario a nivel global. El desafío ya no es reputacional, sino financiero: anticiparse o perder valor.
Por: Equipo Mercados Inmobiliarios
Las ciudades están dejando atrás los compromisos climáticos voluntarios y avanzando hacia regulaciones concretas que ya están comenzando a impactar directamente el mercado inmobiliario corporativo. El cambio, advierten expertos, no es menor: afecta costos operativos, decisiones de inversión y, sobre todo, el valor de los activos.
Un reciente análisis de JLL, basado en 75 ciudades a nivel global, muestra que la política urbana está entrando en una fase de implementación efectiva, donde las exigencias regulatorias comienzan a traducirse en impactos medibles para empresas e inversionistas.
En este escenario, Chile, aunque aún en etapas más tempranas, no queda fuera de la tendencia.
Uno de los datos más relevantes del estudio es que los edificios concentran cerca del 60% de las emisiones urbanas, lo que los ha convertido en el principal objetivo de las políticas públicas a nivel ciudad.
Esto se ha traducido en una rápida expansión de estándares obligatorios de desempeño energético, límites de emisiones y exigencias de eficiencia que ya están siendo aplicadas en mercados desarrollados.
Actualmente, cerca de la mitad de las ciudades analizadas ya cuenta con este tipo de regulaciones exigibles, mientras que otras avanzan en prohibiciones al uso de combustibles fósiles en nuevas construcciones y en la incorporación obligatoria de energías renovables.
“El foco está cambiando desde compromisos hacia mecanismos de cumplimiento. Eso transforma completamente la forma en que se gestionan los activos inmobiliarios”, explica Luciana Arouca, directora de Sustentabilidad de JLL para Latinoamérica.
De sostenibilidad a riesgo financiero
Más allá del componente ambiental, el estudio advierte que el verdadero impacto está en el plano financiero.
A medida que las regulaciones se vuelven más estrictas, el cumplimiento energético y de emisiones comienza a incidir directamente en la liquidez, valorización y riesgo de los activos inmobiliarios, especialmente en el segmento corporativo.
Esto implica que los edificios que no se adapten podrían enfrentar mayores costos, sanciones regulatorias e incluso menor atractivo para inversionistas.
A nivel global, el fenómeno ya es evidente: el 82% de la inversión en real estate corporativo en la última década se ha concentrado en mercados con metas de emisiones netas cero, lo que refleja un cambio estructural en los criterios de inversión.
Electrificación y energía: el nuevo eje del mercado
Otro de los cambios más relevantes es la convergencia entre política inmobiliaria y política energética.
En distintas ciudades del mundo, los gobiernos están impulsando la electrificación de edificios, eliminando progresivamente los sistemas basados en combustibles fósiles y promoviendo la generación de energía renovable in situ.
Para 2026, al menos 17 ciudades ya habrán implementado restricciones o prohibiciones a este tipo de sistemas en nuevas construcciones, marcando una tendencia que redefine el diseño y operación de los edificios corporativos.
En paralelo, el estudio destaca que el impacto de estas medidas dependerá también de la matriz energética de cada país. En el caso de Chile, donde cerca del 69% de la generación proviene de fuentes limpias, la electrificación aparece como una palanca relevante para reducir emisiones en el sector inmobiliario.
Chile: una tendencia que comienza a tomar forma
Aunque el informe identifica a ciudades como Nueva York, Londres o París como líderes en implementación, América Latina, incluyendo Santiago, se encuentra en una fase más temprana, donde aún predominan marcos en desarrollo y aplicación parcial de políticas.
Sin embargo, la dirección es clara.
La presión por avanzar hacia edificios más eficientes, resilientes y con menor huella de carbono ya está comenzando a instalarse en la agenda pública y privada, especialmente en un contexto marcado por el aumento de los costos energéticos y la necesidad de cumplir estándares internacionales.
El principal mensaje del estudio es categórico: la sostenibilidad dejó de ser un elemento reputacional para convertirse en una variable estratégica.
Las empresas que logren anticipar estos cambios regulatorios, mediante la descarbonización de sus portafolios, mejoras en eficiencia energética y adopción de energías renovables, estarán mejor posicionadas para proteger el valor de sus activos y reducir riesgos.
En cambio, quienes posterguen la adaptación podrían enfrentar un escenario más complejo, donde el cumplimiento normativo no solo será obligatorio, sino determinante para la competitividad en el mercado inmobiliario corporativo.





