Temporal y voladuras de techos reabren el debate sobre el diseño estructural frente a cargas de viento en Chile
Las intensas lluvias y ráfagas registradas en gran parte del país volvieron a instalar una discusión técnica que históricamente ha quedado relegada frente al riesgo sísmico. Especialistas advierten que el viento también puede controlar el diseño de una estructura y destacan la actualización de la norma NCh432 como un avance clave para mejorar la seguridad de las construcciones.


La emergencia preventiva decretada en diez regiones por el reciente sistema frontal, junto con los daños registrados en infraestructura liviana, reactivó el debate sobre la capacidad de las edificaciones para enfrentar eventos de viento extremo. En medio de lluvias, nevadas, marejadas y fuertes ráfagas, episodios como el desprendimiento casi total de la techumbre de la escuela modular de Punta de Parra, en la comuna de Tomé, volvieron a poner el foco en un aspecto muchas veces subestimado del diseño estructural.
Si bien las causas específicas de ese incidente deberán ser determinadas por las investigaciones correspondientes, el episodio reabre una discusión de fondo: en Chile, la ingeniería ha estado históricamente concentrada en la resistencia sísmica, mientras que las cargas provocadas por el viento suelen recibir menor atención, pese a que pueden ser determinantes en cubiertas, fachadas, estructuras livianas y elementos expuestos.
En ese contexto cobra relevancia la reciente actualización de la NCh432, norma que regula el diseño estructural frente a cargas de viento y que fue presentada durante 2025 tras varios años de trabajo técnico.
Una norma con información más precisa
La nueva versión de la NCh432 busca resolver una brecha que durante años generó incertidumbre entre los profesionales del sector. Hasta ahora coexistían la versión original de 1971 y una actualización elaborada en 2010 que nunca fue oficializada, situación que dificultaba la aplicación de criterios homogéneos para el diseño.
El trabajo desarrollado por el comité técnico incorporó una base de información meteorológica considerablemente más robusta, utilizando registros provenientes de 36 estaciones con series históricas superiores a diez años, lo que permitió definir velocidades de viento de diseño con mayor representatividad para las distintas zonas del país.
Además, la actualización incorpora una zonificación climática desarrollada por especialistas en meteorología, basada en el comportamiento real del viento en cada territorio, junto con un método simplificado para edificaciones menores, facilitando su aplicación en proyectos de menor complejidad.
Para Carlos Peña, ingeniero civil estructural, integrante de la Asociación de Ingenieros Civiles Estructurales (AICE) y miembro del comité que elaboró la norma, el principal avance fue ordenar criterios que durante décadas permanecieron poco claros.
"La actualización de la NCh432 no consistió solamente en mejorar los valores. Hubo un trabajo profundo en la revisión de la información disponible, en entender mejor cómo se comporta el viento en las distintas zonas del país y en ordenar criterios que durante muchos años no estuvieron suficientemente claros", explica.
El viento también puede controlar el diseño
Los especialistas enfatizan que el viento no constituye una carga secundaria en todos los proyectos. En determinadas estructuras, especialmente aquellas con cubiertas livianas, grandes superficies expuestas o elementos elevados, las presiones generadas por ráfagas intensas pueden convertirse en la condición de diseño más exigente.
Peña sostiene que muchas veces, cuando ocurre el desprendimiento de una techumbre o falla una estructura liviana, la explicación inmediata suele atribuirse únicamente a la intensidad del fenómeno climático.
"Cuando una cubierta se desprende, una estructura liviana falla o incluso una grúa torre colapsa, es muy fácil concluir que el viento fue demasiado fuerte. Pero también es importante revisar cómo se verificó esa estructura, qué presiones se consideraron y, en muchos casos, preguntarse honestamente si realmente hubo diseño", señala.
Una mirada más amplia sobre la resiliencia
Desde la Asociación de Ingenieros Civiles Estructurales consideran que la coyuntura representa una oportunidad para ampliar la discusión sobre seguridad estructural en Chile, incorporando amenazas que van más allá de los terremotos.
El presidente de AICE, Jorge Tobar, sostiene que el país enfrenta múltiples solicitaciones ambientales que deben ser consideradas desde la etapa de diseño.
"Además del sismo, existen otras acciones relevantes que deben ser consideradas en el diseño y desempeño de las construcciones. En un país expuesto a lluvias intensas, viento, marejadas y otras solicitaciones ambientales, contar con criterios normativos actualizados no es un asunto accesorio, sino parte de una cultura técnica orientada a la seguridad y la resiliencia", afirma.
En ese sentido, los especialistas coinciden en que la actualización de la NCh432 constituye más que una modificación normativa. Representa una herramienta para que ingenieros, arquitectos y proyectistas dispongan de criterios técnicos más precisos al momento de diseñar edificaciones capaces de responder de mejor manera a eventos climáticos cada vez más intensos.
El reciente sistema frontal vuelve así a recordar que, aunque Chile es reconocido mundialmente por su ingeniería antisísmica, los desafíos del cambio climático y el aumento en la frecuencia de fenómenos meteorológicos extremos exigen incorporar con igual rigurosidad el comportamiento del viento dentro de la planificación y el diseño de la infraestructura del futuro.
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