Escenario inflacionario: clima y petróleo podrían presionarían precios

Mientras las principales proyecciones económicas anticipan que la inflación continuará convergiendo hacia las metas de los bancos centrales, desde Lascar monitoreamos un escenario que todavía recibe poca atención: la posibilidad de que nuevos shocks de oferta vuelvan a impulsar los precios a nivel global.
Esta es la principal tesis del informe “La amenaza del segundo brote inflacionario: análisis macro, riesgos climático-geopolíticos y estrategia de portafolio”, el cual analiza patrones históricos, variables climáticas y riesgos geopolíticos que podrían interrumpir el actual proceso de desinflación.
El análisis identifica dos posibles desencadenantes. El primero es la formación de condiciones climáticas severas en el océano Pacífico, con potencial para alterar los cinturones agrícolas de distintas regiones y presionar los precios internacionales de alimentos como la soja, el maíz y el trigo. El segundo es una eventual escalada de las tensiones en Medio Oriente, que podría afectar las rutas de suministro y volver a elevar significativamente el precio del petróleo.
Hoy el mercado está concentrado, correctamente, en la inflación que está bajando. Nuestro trabajo consiste también en observar aquello que podría hacerla volver a subir. No estamos anticipando que este escenario necesariamente ocurrirá, sino identificando las señales que permitirían advertirlo oportunamente.
Una convergencia de estos factores podría transmitirse a la economía chilena mediante el aumento de los costos de alimentos y energía, junto con una eventual presión sobre el tipo de cambio. Esto podría modificar las expectativas de inflación y limitar el espacio de los bancos centrales para continuar reduciendo las tasas de interés.
El informe también advierte que una sorpresa inflacionaria tendría implicancias para los instrumentos de renta fija nominal, especialmente aquellos con duraciones más largas, cuyos precios son más sensibles a un ajuste al alza de las tasas de mercado.
Se trata de un análisis preventivo y no de una recomendación de ejecución inmediata. El período de mayor atención se concentraría hacia fines de 2026, dependiendo de la evolución efectiva de las variables observadas.
No se trata de impulsar decisiones apresuradas, sino de prepararnos para distintos escenarios. El valor de nuestro análisis es entregar a los asesores una base técnica que fortalezca su capacidad de anticipación y les permita acompañar a cada cliente con mayor contexto y criterio.
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