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Tres proyectos reactivan la presión inmobiliaria sobre las dunas de Concón

Alto Santorini II, Costa de Montemar IV y Makroceano recibieron autorizaciones durante 2026, reabriendo el debate sobre el desarrollo urbano en uno de los ecosistemas más frágiles del borde costero chileno. Organizaciones ambientales llaman a reforzar la protección del Campo Dunar, mientras el sector inmobiliario vuelve a avanzar en la zona.

Equipo Mercados Inmobiliarios
PorEquipo Mercados Inmobiliarios·08 de julio de 2026·3 min de lectura
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Tres proyectos reactivan la presión inmobiliaria sobre las dunas de Concón

La presión inmobiliaria sobre el Campo Dunar de Concón vuelve a instalarse en el centro del debate urbano y ambiental. Durante 2026, tres proyectos habitacionales obtuvieron autorizaciones para avanzar en distintos estados de desarrollo, reactivando la construcción en un sector que, tras los socavones ocurridos en 2023 y 2024, había quedado bajo un intenso escrutinio técnico, judicial y ciudadano.

El caso más reciente corresponde a Alto Santorini II, iniciativa que permanecía paralizada desde 2019 luego de que la justicia ordenara detener sus obras por haberse iniciado sin ingresar al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA), pese a su cercanía con el Santuario de la Naturaleza Campo Dunar de Concón.

El proyecto se ubica detrás del edificio Kandinsky, uno de los símbolos de la crisis provocada por los socavones registrados tras los sistemas frontales que afectaron a la Región de Valparaíso. Aunque las obras de estabilización ya concluyeron, gran parte de los departamentos del edificio continúan desocupados, reflejando el impacto que tuvieron esos episodios sobre la confianza en el sector.

La autorización de Alto Santorini II se suma a otras dos iniciativas que también obtuvieron luz verde este año: Costa de Montemar IV y Makroceano, ambas aprobadas por el Comité de Ministros luego de haber enfrentado evaluaciones ambientales desfavorables en etapas anteriores.

Costa de Montemar IV contempla la prolongación de calle Cornisa y diversas obras de urbanización, entre ellas pavimentación, redes de alcantarillado, colectores de aguas lluvias y alumbrado público, infraestructura destinada a habilitar cuatro lotes para futuros desarrollos inmobiliarios.

Por su parte, Makroceano también había iniciado obras sin autorización ambiental, situación que derivó en acciones judiciales que obligaron a ingresar el proyecto al SEIA antes de continuar su ejecución.

Un ecosistema bajo permanente presión

Desde la organización ciudadana Duna Viva señalaron que durante los últimos años el trabajo técnico, judicial y comunitario ha permitido elevar los estándares con que hoy se evalúan los proyectos emplazados en el entorno del campo dunar.

La agrupación sostiene que actualmente existe una mayor conciencia sobre la fragilidad ecológica del ecosistema y la necesidad de incorporar resguardos ambientales que anteriormente no eran considerados.

Sin embargo, advierten que la aprobación de nuevos proyectos confirma que las presiones urbanas sobre el sector continúan vigentes, por lo que llaman a mantener una estricta fiscalización del cumplimiento de las medidas ambientales comprometidas por cada iniciativa.

Asimismo, reiteraron que seguirán impulsando la recuperación y protección integral de las 50 hectáreas originalmente resguardadas por el Estado en 1993, planteando que la conservación del sistema dunar requiere una mirada de largo plazo.

Más que un paisaje

El Campo Dunar de Concón constituye uno de los patrimonios geológicos más relevantes de la costa central de Chile. Formado por sedimentos acumulados durante los períodos Pleistoceno y Holoceno, posee un alto valor científico, ambiental y paisajístico.

Además de su riqueza natural, las dunas cumplen una función estratégica para el borde costero, actuando como una barrera frente a la erosión de las playas, amortiguando el impacto de marejadas y contribuyendo a reducir la vulnerabilidad ante eventuales tsunamis.

En un escenario marcado por el cambio climático y el aumento de eventos meteorológicos extremos, especialistas coinciden en que la protección de este tipo de ecosistemas adquiere una importancia cada vez mayor, lo que vuelve especialmente sensible cualquier decisión sobre nuevos desarrollos inmobiliarios en su entorno.

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