Experto destaca la experiencia chilena en reconstrucción tras terremotos como referencia para Venezuela
El académico de Arquitectura de la Universidad San Sebastián, Carlos Aguirre, afirma que el principal aporte de Chile no se limita a su normativa sísmica, sino a la capacidad de coordinar una respuesta institucional eficiente y desarrollar procesos de reconstrucción basados en décadas de aprendizaje frente a desastres naturales.


Mientras Venezuela inicia la evaluación de daños provocados por el reciente terremoto que afectó parte de su territorio, la experiencia acumulada por Chile en materia de gestión de emergencias y reconstrucción vuelve a posicionarse como un referente internacional. Más allá de los avances en ingeniería antisísmica, especialistas sostienen que una de las principales fortalezas del país radica en la capacidad institucional desarrollada para responder de manera rápida, coordinada y planificada frente a este tipo de catástrofes.
Así lo plantea Carlos Aguirre, académico de Arquitectura de la Universidad San Sebastián (USS), quien asegura que las enseñanzas chilenas tras grandes terremotos, particularmente después del 27 de febrero de 2010, ofrecen importantes lecciones para los procesos que deberá enfrentar Venezuela en los próximos meses.
La reconstrucción comienza con una respuesta organizada
Para el especialista, el mayor aprendizaje de Chile no está únicamente en la forma de construir edificios capaces de resistir movimientos sísmicos, sino en la evolución que ha tenido el país en la gestión de las emergencias.
Según explica, el terremoto y tsunami de 2010 marcaron un punto de inflexión para la institucionalidad chilena, impulsando la creación de nuevos protocolos, sistemas de coordinación y mecanismos de respuesta que hoy permiten enfrentar con mayor eficacia las primeras etapas posteriores a un desastre.
"El principal aprendizaje de Chile es la respuesta ante la emergencia. Después del terremoto de 2010, esa capacidad se ordenó mucho más, incorporando nuevos protocolos e institucionalidad, lo que permite articular de mejor manera las acciones posteriores, desde la atención inmediata hasta la reconstrucción", señala Aguirre.
Cada terremoto exige soluciones distintas
Pese a la experiencia chilena, el académico advierte que no es posible replicar automáticamente las soluciones constructivas desarrolladas en Chile al contexto venezolano.
La razón radica en que ambos países presentan características geológicas completamente diferentes, lo que obliga a adaptar las estrategias de diseño estructural y las futuras normas de construcción.
Mientras Chile enfrenta principalmente terremotos originados por la subducción de la placa de Nazca bajo la placa Sudamericana, Venezuela está influenciada por una dinámica tectónica distinta, asociada al sistema de placas del Caribe.
A ello se suman diferencias en la composición de los suelos, factor que también incide directamente en el comportamiento de las edificaciones durante un evento sísmico.
"Los terremotos en Chile y Venezuela responden a dinámicas tectónicas diferentes. También cambia la naturaleza de los suelos, por lo que las respuestas estructurales deben adaptarse a cada contexto", explica el académico.
Comprender el daño antes de reconstruir
Uno de los principales desafíos tras cualquier terremoto corresponde a la evaluación técnica de las estructuras afectadas.
Para Aguirre, antes de iniciar la reconstrucción definitiva resulta indispensable identificar las causas que provocaron los colapsos observados durante el sismo.
El análisis debe considerar tanto las condiciones del terreno como el comportamiento estructural de las edificaciones, permitiendo detectar eventuales debilidades en el diseño, los materiales utilizados o las técnicas constructivas.
Solo a partir de ese diagnóstico será posible fortalecer las futuras normas de construcción y reducir la vulnerabilidad frente a nuevos eventos sísmicos.
Rapidez sin comprometer la seguridad
El proceso de reconstrucción también enfrenta el desafío de responder con rapidez a las necesidades de las personas damnificadas sin sacrificar la calidad de las soluciones definitivas.
En ese sentido, el académico distingue claramente dos etapas.
La primera corresponde a la atención de la emergencia, donde resulta prioritario habilitar soluciones habitacionales temporales que permitan proteger a las familias frente a las condiciones climáticas y restablecer servicios básicos.
La segunda fase, en cambio, debe desarrollarse sobre la base de estudios técnicos que permitan comprender las causas del daño y evitar que los mismos errores se repitan en futuras construcciones.
"Las soluciones definitivas deben implementarse una vez que se comprendan las causas del daño. Solo así será posible reconstruir de forma más segura y resiliente", sostiene.
El aporte de las universidades
Aguirre también destaca el papel que pueden desempeñar las instituciones de educación superior en los procesos de cooperación internacional posteriores a un desastre natural.
Las facultades de Arquitectura, Ingeniería y Construcción, señala, cuentan con capacidades técnicas y de investigación que pueden contribuir al intercambio de experiencias, al desarrollo de nuevas soluciones constructivas y al fortalecimiento de las normativas sísmicas.
Asimismo, considera que la industrialización de la construcción representa una oportunidad para acelerar los procesos de reconstrucción sin renunciar a estándares adecuados de calidad y seguridad.
Una experiencia construida a partir de los terremotos
Chile es reconocido internacionalmente por haber desarrollado una de las normativas sísmicas más exigentes del mundo, fruto de décadas de experiencia enfrentando terremotos de gran magnitud.
Sin embargo, para Carlos Aguirre, la principal fortaleza del país trasciende la ingeniería estructural.
La capacidad para coordinar instituciones, organizar la respuesta a la emergencia y convertir cada desastre en una oportunidad de aprendizaje constituye, a su juicio, la enseñanza más valiosa que Chile puede compartir con otros países expuestos a riesgos naturales.
En ese contexto, sostiene que la reconstrucción no debe entenderse únicamente como la reposición de infraestructura dañada, sino como un proceso integral que incorpora planificación, conocimiento técnico, fortalecimiento institucional y aprendizaje continuo, elementos que han permitido al país mejorar progresivamente su resiliencia frente a los desastres naturales.
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