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Estudio de la U. de Chile alerta por el mal aislamiento térmico de las viviendas

Un Policy Paper elaborado por 18 investigadores advierte que una parte importante del parque habitacional chileno presenta deficientes condiciones térmicas, obligando a las familias a gastar más en calefacción sin necesariamente alcanzar temperaturas confortables. El análisis propone integrar las políticas de vivienda y energía.

Equipo Mercados Inmobiliarios
PorEquipo Mercados Inmobiliarios·11 de agosto de 2026·5 min de lectura
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Estudio de la U. de Chile alerta por el mal aislamiento térmico de las viviendas

Encender la calefacción durante horas y seguir sintiendo frío dentro de la casa puede parecer, a primera vista, un problema asociado al precio de la electricidad, el gas, la leña o la parafina. Sin embargo, una investigación de la Universidad de Chile plantea que el problema comienza mucho antes: en las propias características constructivas de las viviendas.

El Policy Paper “Vivienda y pobreza energética en Chile: hacia una política integral de habitabilidad”, elaborado por 18 investigadores e investigadoras y publicado por la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo de la Universidad de Chile, advierte que una parte importante del parque habitacional chileno fue construida con estándares térmicos insuficientes.

La consecuencia es directa: el calor producido por los sistemas de calefacción se pierde a través de muros, techos, ventanas y otros puntos de la envolvente de las viviendas, obligando a los hogares a aumentar el consumo energético para intentar mantener una temperatura adecuada.

El estudio fue desarrollado por la Red de Pobreza Energética y plantea que las políticas de vivienda y energía no pueden seguir abordándose como agendas separadas.

El problema está en la vivienda, no solo en la calefacción

La investigación plantea una relación entre tres conceptos: vivienda, habitabilidad y pobreza energética.

En este último caso, la definición construida por la Red de Pobreza Energética apunta a aquellos hogares que no cuentan con acceso equitativo a servicios energéticos de calidad para satisfacer sus necesidades fundamentales.

“Según la definición coconstruida desde la Red de Pobreza Energética, un hogar se encuentra en situación de pobreza energética cuando no tiene acceso equitativo a servicios energéticos de alta calidad, es decir, que sean adecuados, confiables, seguros y no contaminantes, para cubrir las necesidades de energía que le permiten sostener el desarrollo humano y económico de sus integrantes”, explica Paz Araya, investigadora de la Red de Pobreza Energética.

El fenómeno, por tanto, no se limita a cuánto paga una familia por su cuenta de energía. También considera si esa energía permite efectivamente alcanzar condiciones adecuadas de habitabilidad.

Cuando el calor se escapa por muros y ventanas

Uno de los principales diagnósticos del estudio apunta al desempeño térmico de las viviendas existentes.

Una construcción con baja aislación puede requerir una mayor cantidad de energía para alcanzar una determinada temperatura interior. Si, además, existen problemas de sellado en ventanas, puertas, techumbres o muros, parte de ese calor se pierde rápidamente.

El resultado puede ser una paradoja: mayor gasto energético y, al mismo tiempo, viviendas que continúan siendo frías durante el invierno.

Araya advierte que la pobreza energética “es un fenómeno que no solo golpea la economía del hogar, sino que también repercute negativamente en la salud física y mental de quienes habitan ambientes fríos, desapacibles y con problemas de humedad durante los meses de invierno”.

Las consecuencias pueden extenderse también a otros ámbitos de la vida cotidiana.

“La incapacidad de satisfacer adecuadamente necesidades humanas básicas y fundamentales tiene implicancias en la salud física, como enfermedades cardiovasculares y respiratorias asociadas al frío, y contaminación intradomiciliaria por combustión a leña; afectaciones psicológicas provocadas por el estrés crónico, la precariedad y la incertidumbre energética; impactos socioemocionales en las relaciones personales y en el clima familiar, y también efectos en las oportunidades educativas y laborales, como la imposibilidad de estudiar de noche por falta de luz o calefacción y la postergación de la atención médica debido a la reasignación del presupuesto, por ejemplo”, sostiene la investigadora.

El subsidio a la energía no resuelve el problema de fondo

Frente a este escenario, los investigadores plantean que las políticas públicas no deberían concentrarse exclusivamente en subsidiar el consumo energético o entregar sistemas de calefacción más eficientes.

La razón es que, si la vivienda mantiene una envolvente térmica deficiente, parte importante de la energía utilizada continuará perdiéndose.

El estudio propone avanzar hacia un mejoramiento térmico masivo del parque habitacional, especialmente mediante programas de reacondicionamiento de viviendas existentes.

Entre las medidas mencionadas se encuentran la aislación de muros y techos y el mejoramiento del sellado de ventanas.

A esto se suma la necesidad de establecer estándares de construcción más exigentes para las nuevas viviendas, incorporando condiciones adecuadas de temperatura y ventilación.

Vivienda y energía: dos políticas que deberían conversar

Otro de los puntos centrales del documento es la necesidad de fortalecer la coordinación entre las instituciones responsables de las políticas habitacionales y energéticas.

La propuesta apunta a una mayor articulación entre organismos como los ministerios de Vivienda y Urbanismo y de Energía, con el objetivo de abordar el problema desde su origen y no únicamente mediante respuestas posteriores.

El concepto que propone la investigación es el de una “habitabilidad térmica justa”, entendida como un componente necesario para avanzar hacia una vivienda adecuada.

El desafío también será enfrentar el calor

La investigación advierte además que mejorar el comportamiento térmico de las viviendas no puede reducirse a una estrategia exclusivamente orientada al invierno.

El cambio climático está aumentando la frecuencia e intensidad de episodios de calor extremo, lo que obliga a pensar en viviendas capaces de responder a ambos escenarios.

“Las mejoras en habitabilidad implican abordar la pobreza energética considerando sus impactos en hogares que no están preparados para las bajas temperaturas, como las del invierno en la zona centro y sur del país, pero también los impactos de las olas de calor durante el verano”, señala Araya.

Así, el desafío para la política habitacional no sería solamente construir más viviendas, sino también mejorar aquellas que ya existen y asegurar que las nuevas unidades tengan condiciones térmicas adecuadas.

El diagnóstico de la Universidad de Chile pone el foco en una dimensión que suele quedar detrás del precio, el financiamiento y la disponibilidad de viviendas: cuánto cuesta realmente habitar una casa que no logra conservar el calor.

Porque una vivienda puede cumplir con metros cuadrados, ubicación y precio, pero si obliga a una familia a gastar cada invierno una parte significativa de sus ingresos para mantenerla habitable, el problema deja de ser únicamente energético.

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